Un tema crítico: los referís

 
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La palabra de moda en la Argentina es cambio. Todos quieren cambiar, acaso sin entender el sentido más profundo del término. Sobre todo en un país que siempre amagó con un gran cambio para que todo siguiera igual. El fútbol argentino, aparentemente, está en un etapa revulsiva con las elecciones de mañana, entre Luis Segura, un cambio con continuidad, y Marcelo Tinelli, el presunto quiebre entre un modelo y otro, aunque con algunos indiscutibles aires de la vieja guardia, le pese a quien le pese. Cualquiera de los dos tendrá un gran problema. Segura deberá despegarse de una vez por todas del aura de Julio Grondona y Tinelli buscará sacudir un ambiente abombado desde la frescura, el marketing y el peso del poder. Los frentes serán muchos: económicos, estructurales, comunicacionales y deportivos. Y en ese océano asoma un la punta de un iceberg enorme: el arbitraje, quizás, el estamento que más viciado.

Los referís argentinos tuvieron un año muy malo. No hace falta ni siquiera el repaso. La crispación del caso Ceballos en la final de la Copa Argentina, entre Boca y Rosario Central, seriamente perjudicado, dejó al árbitro casi los dos pies fuera de la AFA. El sábado pasado, en Lanús, Laverni volvió a ponerse nariz con nariz con Gimnasia, privado del triunfo o del empate, por un gol en posición adelantada y por un penal a favor no sancionado.

A diferencia de Ceballos, que apenas se pronunció y se refugió en la tristeza, Laverni habló con palabras impetuosas, casi como en un correlato de sus gestos arbitrales que enloquecen a jugadores y técnicos. Pero, bien entendida y desmenuzada, una parte de sus dichos tiene lógica pura. El juez caído...

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