Del teatro off a la TV, historias de famas repentinas

 
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Tres años atrás se estrenó una película que se convirtió en ícono del cine indie. Para su lanzamiento, un diario entrevistó a su director y su protagonista. En la foto central aparecía el actor, pero, en la nota de dos páginas, no había ni una declaración suya. "Se ve que no dije nada interesante", reconocía esa misma tarde el protagonista invisibilizado. Apenas tres años después se le realizan notas en el suplemento cultural de ese diario, en la Rolling Stone, en este mismo diario. También almuerza con Mirtha. También aparece en Hola.La película se llamó El estudiante. El actor se llama Esteban Lamothe. Esteban, en este corto lapso y sin necesidad de andar de rotation por programas de la tarde, se transformó en uno de esos intérpretes que, desde la dimensión de la escena alternativa, pasó a tutearse con algo cercano a la popularidad y la fama (y sus puros cuentos). Guapas, la ficción en donde actúa, disputa el prime time con Viudas e hijos del rock and roll. Ahí trabaja Paola Barrientos, otra intérprete de enorme talento nacida y criada en la escena alternativa. En Graduados, su personaje la pegó. En aquel momento, reflexionaba sobre los efectos de la repentina popularidad: "Todo esto es un tanto desmesurado. Lo que genera la televisión es algo realmente impensable, te transformás en un muñequito de Disney. Vas caminando por la calle y, sin decir «Agua va», alguien te abraza, te estampa un beso y te saca una foto".Para cualquiera de estos intérpretes, el paso de esa visibilidad casi familiar propia del teatro al reconocimiento desmesurado que posibilitan algunas tiras de la pantalla chica (y, en menor medida, el cine) tiene algo de vértigo. "A mí nadie me reconoce por mi nombre, ni por las tapas. Eso lo sé", reconoce Alberto Ajaka, tratando de encuadrar la desmesura de la popularidad que genera Donofrio, su personaje en Guapas. En este tiempo, la calle le deparó situaciones insólitas. Recuerda claramente cuando estuvo en Itazuingó, provincia de Corrientes, a donde había llegado para hacer la última función de El gran deschave. Caminaba por una calle de tierra en dirección al teatro cuando, a los lejos, ve a dos mujeres gendarmes. Una de ellas le pregunta: "¿Usted no es el actor de la televisión? Él, el actor de la televisión, asiente con pudor. Ella pide sacarse una foto, pero -bendito celular- no le funciona. Prueba con el de su compañera. Tampoco. Entonces, la agente del orden le pregunta si puede sacarla con su celular. "Está bien", accede él. Por fin...

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