Situaciones que revelan un drama inconmensurable

El drama detrás del asesinato de Sheila Alejandra Ayala es inconmensurable. Basta decir que ella y sus dos hermanos, de 7 y 11 años, habían dejado atrás, hacía solo cuatro días, una dura vida de descuidos y maltratos, apenas escolarizados, muchas veces hambreados. Habían ido a vivir con su padre en busca de cuidado, de refugio, de una mejor vida. Y allí, sin embargo, acechaba la muerte.Todo ocurrió en un contexto de degradación, de desintegración familiar. Los padres, como enemigos, peleados, más que por la tenencia de los chicos, por ver quién se quedaba con la plata de la asignación universal por hijo. Con acusaciones mutuas. Los mismos chicos declararon ante la policía que sabían que su mamá "vendía pastillas". Según la policía, la mujer reconoció que hacía de "mula" y metía drogas en la cárcel.Violencia, abuso de sustancias. Piezas fundamentales para entender, desde el principio, el final de esta tragedia humana. Los asesinos, según parece, son familia. El cuñado del papá de Sheila, acusado del homicidio. La propia tía de la víctima, hermana del papá, con un avanzado embarazo, con dos hijos chiquitos, detenida por su presunta complicidad en el crimen. Sangre de su sangre.Ante la policía, ambos declararon que se habían emborrachado, que estaban drogados. Que no recuerdan... que no saben cómo "llegaron a eso". Algo deben recordar, evidentemente, porque se tomaron el trabajo de meter el cadáver de la niña dentro de una bolsa y de ocultarlo, aun rudimentariamente, junto a su propia vivienda.Ella fue la "vocera" de la familia paterna durante los cuatro días de búsqueda. Decía que era capaz de "matar" a quienes le hubiesen hecho algo a su sobrina. Él merodeaba por allí y se mostraba, incluso, ofuscado por el tratamiento periodístico del caso, casi más preocupado por la eventual diferenciación entre el "nosotros" y "ellos" que proponía la propia geografía del lugar de los hechos, en San Miguel, que del destino que, según se vislumbra ahora, ambos conocían de primera mano."Se la llevó una tía...", fue la primera explicación en torno a la desaparición, al mediodía del domingo. ¿Será esta la tía con la que la Sheila se fue, dicen, con una sonrisa que denotaba la confianza de saber quién era? Aterrador.También está el vaivén de las sospechas. Primero, la mamá de...

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