Siria y el final del clan Assad

Desde hace ya casi dos años, frente a una comunidad internacional paralizada por la amenaza de los vetos de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Siria está sumida en una cruel guerra civil facciosa en la que las fuerzas militares y de seguridad que sostienen al gobierno de Bashar al-Assad han masacrado inhumanamente a la población civil, cometiendo toda suerte de crímenes de lesa humanidad, es decir, crímenes de guerra en tiempos de conflictos armados internos. Se han acumulado nada menos que unas 42.000 víctimas fatales desde que, en marzo de 2011, comenzaron las protestas, originalmente pacíficas.No obstante, la situación doméstica siria parece ahora haber comenzado a deteriorarse rápidamente para los Assad, y el viceministro ruso de Relaciones Exteriores, Mikhail Bogdanov, acaba de admitir por primera vez que el gobierno sirio está rápidamente "perdiendo el control" sobre su país y podría ser derrotado por los insurgentes.Para Rusia, eso sería más que un tropiezo en términos de política exterior, no sólo por lo que pueda ocurrir con la base naval que mantiene en el puerto sirio de Tartus, sino por las consecuencias geopolíticas de haber apoyado por tanto tiempo el autoritarismo de los Assad, contra el cual el pueblo sirio se ha alzado. Ocurre que Rusia ha sido, y sigue siendo, el principal proveedor de armas y pertrechos militares a los Assad. En cambio, son los países árabes los proveedores del armamento que llega a manos de los insurgentes.Lo cierto es que Siria, aún si los Assad abandonaran el gobierno y huyeran, podría hacer implosión y las hostilidades continuar por un buen rato en un escenario confuso, frágil y de muy alta peligrosidad. Previsiblemente, los 300.000 alawitas sirios -una variante de los musulmanes...

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