Silvio Rodríguez: 'Los atributos de la edad estrangularon mi libertad juvenil'

 
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En los últimos años, Silvio Rodríguez encontró en las misivas electrónicas la mejor manera de sentarse a reflexionar sobre su obra. El lanzamiento de un nuevo disco, Amoríos, con piezas inéditas compuestas en su período creativo más luminoso de fines de los sesenta y principios de los setenta, lo saca nuevamente del ostracismo y le permite hacer un alto en sus múltiples compromisos artísticos para escribir sobre las historias detrás de estas canciones: los recuerdos de infancia, el presente cubano, su descubrimiento del rock, los métodos para hacer canciones y la influencia de un magma artístico que terminó definiendo su obra tal cual la conocemos.

Las respuestas de Silvio a la distancia rebotan con el efecto lejano de una botella lanzada al mar. Es el perfecto encuentro con un lobo estepario que se mantiene a resguardo en su propia isla revolucionaria, un hombre tímido a salvo entre sus libros y su música, que frente a la pantalla de la computadora (de la misma manera que lo hace en sus canciones) puede abrir su mundo a los desconocidos con natural sinceridad.

-¿Por qué pasó tanto tiempo hasta que decidió grabar estas piezas tan antiguas, aunque algunas eran interpretadas en vivo?

-La explicación de estar haciendo ahora canciones de aquellos tiempos está en el hecho de que grabé mi primer disco en 1974, nueve años después de haber empezado a componer. Desde entonces nunca he conseguido "estar al día" respecto de mi producción. Por eso de vez en cuando trato de hacer un poco de justicia a canciones que me van quedando en el camino. Puede que aún me salgan dos o tres discos de temas que no alcancé a publicar en su momento. También tengo pendientes de publicación trabajos con los grupos Diákara y Afrocuba. Quizás esas sean mis próximas entregas, además de un disco con el trío Trovarroco, y otro más que estoy haciendo con mis últimas canciones, sólo con la guitarra.

-¿Cómo eran los días de ese Silvio de juventud? Parece que padecía una fiebre por hacer canciones todo el tiempo.

-Obviamente tenía mucho más tiempo para dedicarlo a lo que me gustaba. Para empezar era bastante menos solicitado. A menudo pasaba semanas encerrado, haciendo canciones, escribiendo, dibujando. Siempre he dicho que mi tiempo ideal fue un viaje de cuatro meses que hice en 1969 por el Atlántico. Allí tuve todo el tiempo del mundo para experimentar. Con los años aparecen compromisos, obligaciones y deberes. Estos atributos de la edad van estrangulando aquella libertad...

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