El silencio y la indiferencia en el juicio a Garzón

AutorAlejo Ramos Padilla

Sin embargo, la detención de Augusto Pinochet en Londres, realizada en virtud de un pedido de extradición formulado por el juez español Baltasar Garzón, demostró la existencia de un compromiso internacional por el respeto a los derechos humanos, que además de abrir un espacio para el juzgamiento de los crímenes de Estado ocurridos en América Latina, contribuyó a socavar la alegada validez de las leyes y pronunciamientos judiciales con que se había consagrado la impunidad.

Así fue como en el año 2005, a instancias de un planteo formulado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Corte Suprema de Justicia confirmó el pronunciamiento del juez Gabriel Cavallo, declaró nulas e inconstitucionales las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y consolidó con ello un movimiento en el que aparecían comprometidos los tres poderes del Estado y la sociedad civil. Pero ésta no fue la primera vez que a la justicia democrática le tocaba analizar las denominadas leyes del perdón. Efectivamente, en 1987 un puñado de funcionarios judiciales sostuvieron en soledad lo que en 2005 fue proclamado y aplaudido por todos: que las leyes que impiden el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad resultan inválidas y contrarias al texto de la Constitución.

Me consta que aquellos magistrados que actuaron hace ya más de dos décadas – entre los que se encuentran el fiscal Hugo Cañón, los camaristas Ignacio Larraza, Luis Cotter y Juan Antonio González Macías, el ex ministro de la Corte Jorge Bacque y mi padre - ; no lograron un avance en sus carreras, ni un reconocimiento de sus colegas; como el que obtuvieron otros que mantuvieron silencio y hasta se manifestaron contrarios al juzgamiento de estos hechos y que durante los años noventa escalaron vertiginosamente en sus carreras. Es que en determinados contextos políticos, al parecer, es preferible no tocar ciertos temas y no revisar ciertas cosas.

Sin embargo, dos décadas después, ese mismo Poder Judicial le dio la razón a las miles de víctimas a quienes antes y durante casi dos décadas les había denegado el acceso a la justicia; y si bien es cierto que durante ese tiempo los avances del sistema de protección interamericano de los derechos humanos y la actuación de algunos tribunales europeos, como el de Baltasar Garzón, colaboraron para que se fueran socavando los ilegítimos argumentos con los que se pretendía sostener la validez de las leyes de impunidad; hoy, en nuestro país, casi nadie discute que esas...

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