Siempre vuelve

En Villa Allende, la tierra en donde carga pilas y se reconecta consigo, Ángel Cabrera se permitía seguir soñando con triunfos de impacto mundial. Transcurría abril de 2011 y el Pato acababa de finalizar séptimo en el Masters. Sentado en un sofá del Córdoba Golf Club, su lugar en el mundo, alumbraba una ilusión: "Esto de Augusta me prendió la luz de nuevo; me hizo pensar que puedo ganar otro torneo grande. No me vuelvo loco, pero sé que el tercer Major puede venir en cualquier momento".Pasaron dos años de aquella frase y, con el devenir del almanaque, atravesó muchísimos contratiempos: desde problemas físicos hasta domésticos que lo sacaron completamente de foco. Esos obstáculos repercutieron directamente en un andar errante por el PGA Tour. Parecía que los malos resultados, en complicidad con una carrera deportiva ya hecha a los 43 años, lo iban a alejar irremediablemente de la elite. Sin embargo, el Abierto de la República que logró en diciembre pasado en Nordelta fue la primera señal concreta de que 2013 podía ser un gran año.Al fin de cuentas, Cabrera siempre vuelve. Y allí estaba él ayer cuando caía la tarde en el Edén de magnolias y azaleas: levantando los brazos con su cara radiante, agradeciendo los aplausos del público del Augusta National, que lo vivaba tras su último birdie en el hoyo 18. Aquel fue el último acto de una tercera vuelta excepcional de 69 golpes (-3), que lo subió a lo más alto del tablero del Masters a 18 hoyos del final.Evidentemente, el Pato mantiene un idilio particular con este certamen que recompensa de por vida con un saco verde, y que ya obtuvo en 2009 tras vencer a Kenny Perry en el desempate. Hoy queda lo más difícil: sostenerse desde la cima y esperar el derrumbe del norteamericano Brandt Snedeker, con quien comparte la vanguardia con un total de 209 golpes (-7).Claro está: el Masters acostumbra a abrir el juego para muchos en la última jornada. Los números del leaderboard suelen apretarse y cada uno intenta asomar cabeza en una puja apasionante. Hay sobradas muestras en Augusta de un tablero que varía sus nombres en forma constante, casi de manera histérica, factor que lo hace más atrapante aún.Por lo pronto, en medio de tantas estrellas obsesionadas con hacer historia, hay indicios que habilitan a Cabrera a ilusionarse: está afilado en el green y llega con buena confianza por haber embocado unos cuantos putts ya desde distancias considerables. Además, los aciertos en sus segundos tiros vienen facilitándole el juego...

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