Una sesión crispada, al filo de la suspensión

Cuando Fernanda Vallejos pidió la palabra, las "cuestiones de privilegio", un ardid reglamentario al que recurrió la oposición para estirar el debate y hacer tambalear la mayoría oficialista, llevaban ya más de cuatro horas. A contramano de la estrategia de sus compañeros, la diputada kirchnerista reclamó abocarse "de una vez" a la discusión de fondo. La cortina invisible que separaba en dos el recinto de pronto cayó. Los oficialistas la aplaudieron entre risas. En su bloque se agarraron la cabeza.

Fue un oasis de humor en una sesión cargada de agresiones, suspenso y dramatismo. Al ritmo de los incidentes que explotaban en la calle, el debate en el palacio se transformó en una guerra de desgaste, en la que cada sector demostró que estaba dispuesto a jugar a fondo.

El primer encontronazo lo protagonizaron Agustín Rossi y Elisa Carrió. Cuando él tomó la palabra para quejarse por la denuncia penal que había presentado la diputada por los incidentes de la sesión del jueves pasado, ella lo interrumpió fuera de micrófono y se levantó para irse. "Vos, andate tranquila nomás. Total, ¿para qué te queremos acá?", le dedicó él, mientras Carrió lo saludaba, sobradora, con el brazo en alto. "Te hubieras ido cuando eras funcionaria de la dictadura en el Chaco", se calentó Rossi. Ella se la siguió por Twitter: "Habla Rossi, quien tuvo como jefe del Ejército a Milani, hoy preso por crímenes de lesa humanidad".

Pese a la tensión, el recinto se mantenía al margen de la convulsión que se vivía en la calle. La cápsula se quebró de golpe: "¡Presidente, la represión afuera no para!", advirtió Araceli Ferreyra a los gritos. El vuelo de los helicópteros se oía cada vez más cerca. Restos de los gases lacrimógenos entraban por los balcones internos, y hacían toser a periodistas y asesores.

Acorralado, el presidente de la Cámara sometió...

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