Sentido del Primero de Mayo

Autor:Daniela Marina Moris
Introducción

Como sucede con una gran cantidad de fechas conmemorativas, poco sabemos del porque de su celebración. Para entender la importancia de este día es necesario conocer su historia, ya que los hechos que dieron lugar a esta celebración están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos.

Es asi que el 1º de mayo se instituyó como Día Internacional del Trabajo, en conmemoración de la sangrienta represión que sufrieran los obreros de la fábrica McCormick, durante varios días de abril y mayo de 1886, en la ciudad de Chicago, en busca de mejores condiciones laborales con respecto a la jornada laboral.-

El límite máximo de la jornada de trabajo fue "desde los orígenes del trabajo dependiente y del derecho del trabajo" un tema muy relacionado con la protección de la vida, la integridad física y salud de los trabajadores.

Las razones de la limitación obedecen a causas biológicas y a la acción de la fatiga, ya que el esfuerzo sico-físico tiene relación directa con el riesgo de error en la tarea, y con los índices de accidentes laborales, está demostrado que ambos eventos crecen cuanto más extensa e intensiva sea la tarea impuesta al trabajador, de igual forma se beben a causas de índole organizacional y productivo ya que el trabajo dentro de la jornada está vinculado con el rendimiento, la producción, la productividad y los resultados rentables dentro de un marco competitivo. Por ende, la jornada está compuesta por la interacción de un lapso en disponibilidad combinado con el logro de determinados resultados, todo ello sometido a la existencia de una organización racional que conduce los procesos.

Limitar la jornada fue primero una forma de evitar los abusos del empleador, luego fue un modo de adecuar el tiempo al salario y viceversa, más adelante se convirtió en un modo de mejorar la calidad de vida dentro y fuera del trabajo, y ahora se piensa en la reducción de la jornada como una forma de luchar contra el desempleo.-

El primer análisis que se realizo en nuestro país con respecto al estado de la clase obrera fue durante el Gobierno del Dr. Julio Argentino Roca, el mismo fue encomendado al Dr. Bialet Massé, este nos decía que -son rarísimos los patrones que se dan cuenta de que el rendimiento del trabajo es directamente proporcional a la inteligencia, al bienestar y a la alegría, sobre todo del obrero que lo ejecuta, y no al tiempo que dura la jornada, cuando ésta pasa de su límite racional; y muchos menos los que alcanzan a comprender que manteniendo a sus obreros en la miseria, lo mantienen en la tendencia al vicio y al delito, que ellos pagan en último término-.

Ciento veinticuatro años desde la masacre que se iniciara el Primero de Mayo de 1886, han trascurrido, sin embargo las observaciones del abogado catalán Bialet Massé mantienen una alarmante realidad en nuestro país.-

El Escenario de la Cronología de los hechos

A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

La reivindicación de la jornada laboral de 8 horas

Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era negociar por convenio la jornada de 8 horas haciendo valer la máxima ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa. En este contexto se produjeron varios movimientos, en 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de 18 horas diarias debía pagar una multa de 25 dólares.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor, Federación Estadounidense del Trabajo, inicialmente socialista (algunas fuentes señalan el origen anarquista). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de Ocho Horas. En caso de no obtener respuesta a este reclamo, se iría a una huelga. Recomendaba a todas las uniones sindicales a tratar de hacer promulgar leyes con ese contenido en todas sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de todas las organizaciones, que veían que la jornada de ocho horas posibilitaría obtener mayor cantidad de puestos de trabajo (menos desocupación). Esos dos años acentuaron el sentimiento de solidaridad y acrecentó la compatibilidad de los trabajadores en general.-

La Ley Ingersoll:

En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Al poco tiempo, 19 estados sancionaron leyes que permitían trabajar jornadas máximas de 8 y 10 horas (aunque siempre con cláusulas que permitían hacer trabajar a los obreros entre 14 y 18 horas). Las circunstancias de trabajo eran similares, y las condiciones en que se vivía seguían siendo insoportables.

Como la Ley Ingersoll no se cumplió, las organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. se movilizaron. La prensa calificaba el movimiento en demanda de las ocho horas de trabajo como «indignante e irrespetuoso», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestando que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».-

La convocatoria de huelga del 1° de Mayo

La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (la principal organización de trabajadores en EE.UU.) remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: «Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto». Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.

En la prensa del día anterior a la huelga, el 29 de abril de 1886, se podía leer: «Además de las ocho horas, los trabajadores van a exigir todo lo que puedan sugerir los más locos anarco-socialistas». El New York Times decía: «Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo». El Filadelfia Telegram decía: «El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas». El Indianápolis Journal decía: «Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas...

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