Sentencia Nº 63/06 de Superior Tribunal de Justicia de la Pampa, 2007

Fecha de Resolución:20 de Diciembre de 2007
 
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SP-115.07-20.12.2007

En la ciudad de Santa Rosa, Capital de la Provincia de La Pampa, a los 20 días del mes de diciembre del año dos mil siete, se reúnen los señores Ministros, Dra. R.E.V. y Dr. V.L.M., integrantes de la S. B del Superior Tribunal de Justicia, de conformidad con el art. 439, segunda parte, del C.P., a los efectos de dictar sentencia en los autos: "CHIRINO, J.M.- RAMOS, E.J.–., R.O.–.R., C.A., en causa nº 14476/06 (reg. C.C. de la IIª C.J.) s/ Recurso de casación", registrados en esta S. como expte. n.º 63/06, con referencia a los recursos de casación interpuestos a fs. 765/767 por el señor F. de Cámara, y a fs. 746/751vta., 768/771, 759/764vta. y 772/778, por los señores defensores, D.. W.E.R.V., O.F.O.Z., A.C. y A.C., y R.M.C., respectivamente, contra la sentencia de fs. 717/732, en la que se falló: "...CONDENANDO a J.M.C....como autor material y penalmente responsable del delito de ABIGEATO AGRAVADO (Art. 167 quater inc. 6º C.)... –Causa Nº 14.476/06-... (Art. 167 quinque C.) [...]; a ...E.J. RAMOS... comoautor material y penalmente responsable del delito de ABIGEATO AGRAVADO (Art. 167 quater inc. 6º y 167 quinque C.) –Causa Nº 14.476/06- [...]; ... a R.O.G.... como autor material y penalmente responsable del delito de PARTÍCIPE PRIMARIO DE ABIGEATO (Arts. 167 ter, 2º apartado y 45 C.) –Causa Nº 14.476/06- [...]; ...a C.A.R.... como autor material y penalmente responsable del delito de PARTÍCIPE PRIMARIO DE ABIGEATO (Arts. 167 ter, 2º apartado y 45 C.) –Causa Nº 14.476/06-..."; y

CONSIDERANDO:

Que como se indicó precedentemente, la sentencia dictada en autos fue impugnada por el F. de Cámara y los defensores de los imputados. A los fines de establecer un orden en la exposición de los temas traídos a consideración de este Tribunal, se tratarán, en primer lugar, los agravios vinculados al hecho material motivo de la investigación en esta causa y la autoría responsable de los encartados que hubiere sido cuestionada por los respectivos defensores. En segundo término, se analizarán los agravios que estén referidos a la calificación legal de las conductas de los imputados, conforme hayan sido definidas en el apartado anterior, luego de esclarecerse los aspectos oportunamente planteados en los recursos deducidos.-

Asimismo, resulta útil a los fines de la comprensión de los agravios formulados, tener en cuenta que el tribunal de juicio determinó el acaecer fáctico motivo de estas actuaciones, en los siguientes términos: el día 7 de agosto de 2005, en horas de la madrugada, C.A.R., J.M.C., y E.J.R., ingresaron al establecimiento rural “La galesa”, perteneciente a J.O.R., ubicado a unos 10 kilómetros de la localidad de Vértiz, de esta Provincia y, con dos camiones, sustrajeron una cantidad importante de animales vacunos. Esa hacienda fue adquirida por R.O.G., quien transportó una parte de la carga en su propio camión. Con posterioridad, se secuestraron 38 animales, reconocidos como provenientes del hecho, en oportunidad de interceptar, en la ruta 35, cuando circulaba sin guía, el camión Ford Cargo, dominio CJJ-739. Además, otros 32 semovientes se encontraron abandonados en la ruta 25. Todos ellos fueron reconocidos por el damnificado J.O.R..-

I.- Que el Dr. W.E.R.V., Defensor General a cargo de la defensa técnica de J.M.C., en el recurso presentado con cita del inciso 2º del art. 429 del C.P., sostuvo la existencia de una selección arbitraria del material probatorio en el pronunciamiento de Cámara “...al basar la acusación de [su] ...defendido en la delación de correo o llamado en codelincuencia de C.A.R. sin elemento independiente que corrobore dicha delación” (fs. 747vta.). El recurrente agregó que es posible que el hecho haya ocurrido en las circunstancias de modo, lugar y tiempo en que relata R., pero nada hace presumir que esas acciones fueran llevadas a cabo juntamente con C.. Se pregunta si no pudo haber otros motivos en el ánimo del delator, tal como cita la doctrina, ocultamiento del jefe, reparto de botines, odio, venganza u otras inconfesables pasiones que no se pueden desentrañar. Estimó que en el presente caso, no hay elementos probatorios que demuestren con certeza que su defendido ejecutó el accionar típico del delito que se le atribuye. En definitiva, aseveró que la declaración de R. no tuvo otro motivo que excluir o atenuar su propia responsabilidad en el ilícito, pues se acreditó, mediante el aporte de testigos que depusieron en instrucción y en el debate, lo que hizo C. el día en que se llevó a cabo el hecho. Expuso que M.T. y S.S. confirmaron que su defendido estuvo comiendo un asado en la noche del sábado y que, posteriormente, se dirigió al bar de B.A., donde permaneció hasta la hora seis del día domingo, circunstancia corroborada por el último de los nombrados, como así también por D.M.. En virtud de ello –concluyó- C. no pudo estar en el campo de Rosiere, cuando se cometió el ilícito. Por otra parte, consideró que deben ser descartadas las diligencias de reconocimientos, escuchas telefónicas.

II.- Que el Dr. O.F.O.Z., Defensor Particular en ejercicio de la defensa de E.J.R., en su texto impugnativo invocó los dos motivos previstos para la interposición de un recurso de casación. Manifestó que el Dr. A. –primer sufragante en el pronunciamiento “...parece precisar el hecho que intenta reconstruir limitando la participación del apoderamiento ilegítimo presunto a C.R. y J.C., estando presentes en el lugar los choferes de los camiones...” (fs. 769vta.). Sin embargo, luego apreció que esa afirmación parece desnaturalizada, al pretender explicar la participación de R. con elementos probatorios que no fueron producidos en las actuaciones y que sólo están en la subjetividad del juzgador. Se trata, dijo, de afirmaciones abstractas que no se corresponden con las pruebas recogidas. En ese sentido, explicó que primero se coloca a R. como un intermediario telefónico, luego que habría efectuado una entrevista personal, y finalmente como un operador en el campo. Asimismo, que poseía un celular que era utilizado por C. y que ambos cargaron la hacienda con ayuda de los camioneros. Adujo que lo aseverado no se corresponde con la realidad de las actuaciones ni con lo acontecido en el debate; que la sola mención que R. hace de su defendido “...no alcanza a reconstruir una unidad fáctica delictiva cuando no existen elementos corroborantes que tengan carácter autónomo e independiente y que sirvan para apuntalar y sostener los dichos del delator, pues toda vez que es posible la supresión hipotética del delatado referido por el delator, esta carece de todo valor, pues está desprovista de elementos que respalden sus afirmaciones en cuanto se refiere a la autoría del hecho” (fs. 770).-

Agregó que aunque el hecho esté acreditado en grado de certeza y las afirmaciones de R. sean coincidentes con las declaraciones de los camioneros Fuentes y S. y del propietario del camión G., no alcanza para involucrar a R. como partícipe del hecho, en cualquiera de sus formas. Dijo también que la presencia “...de un tal 'pelado', que el Tribunal identifica como E.J.R. en la preparación y consumación del hecho, no tiene la fuerza de credibilidad de una prueba categórica, en tanto los elementos arrimados al proceso no permiten sostener la autoría...” de su defendido (fs. 770).-

III.- Que los D.. C.A.C. y A.N.C., Defensores Particulares de C.A.R., en el remedio procesal interpuesto invocaron las dos causales previstas para la procedencia de la casación. Expusieron que G. y R. fueron considerados partícipes primarios en el ilícito previsto en el art. 167 ter, 2º apartado, pero nadie resultó condenado como autor de esa figura penal. Alegaron que su defendido nunca se apoderó ilegítimamente de cabezas de ganado, como tipifica la norma en la que se describe la conducta que se reprime y en la que se ubicó el accionar de R. en el decisorio. Destacaron que su asistido sólo intervino como comisionista en la compraventa de hacienda, pero desconocía la procedencia ilícita de los animales.-

Agregaron que la única actitud que se le puede reprochar, es que le pareció raro que los animales iban a ser transportados sin guía y en no cerciorarse de la procedencia del ganado. Sin embargo más adelante precisaron que “...es sabido que no se le hace exigible al comisionista la obtención de guías y por lo tanto, entre otras cosas, la procedencia de los animales”. Asimismo expresaron, que al ser comisionista sabía o conocía que cuando se trata de animales sobrantes, tal era el ofrecimiento de C., la mayoría de las veces se venden “en negro”, por lo que consideró que al no llevar la guía sólo incurriría el comprador en una falta de orden fiscal, pero de ninguna manera en un delito previsto por nuestro ordenamiento penal. Dijeron que es costumbre en la compraventa de hacienda la obtención de la correspondiente guía por el vendedor, quien se la debe entregar al camionero para que éste se la dé al comprador. Acotó además, que en la práctica, los comisionistas, habitualmente, hacen las operaciones por vía telefónica, no obstante ello, R. se preocupó en más de una oportunidad en ir a revisar el ganado que estaba ofreciendo, pero no pudo verlo pues siempre encontró respuestas evasivas por parte de los vendedores. Sin embargo, llevado por la confianza que le brindaban en ese momento los vendedores en la operación, ya que le manifestaron que eran empleados del campo y que esa hacienda sobrante les había sido encargada a ellos para su venta y, por otra parte, las excusas para no ver los animales eran creíbles, C.R. ofreció la hacienda como si fuera una operación más, desconociendo en todo momento el perjuicio que iba a sobrevenir.

Mencionaron como otra prueba para avalar la buena fe de su defendido en el negocio, el cheque que recibió en parte de pago por los gastos que se ocasionaran, el que entregó en Tribunales...

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