Sentecia definitiva Nº 145 de Secretaría Penal STJ N2, 15-09-2015

Fecha de Resolución:15 de Septiembre de 2015
Emisor:Secretaría Penal STJ nº2
 
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///MA, 15 de septiembre de 2015.
VISTO: Las presentes actuaciones caratuladas: “PORFIRI, M.E. s/ Homicidio agravado s/Casación” (Expte.Nº 27575/15 STJ), puestas a despacho para resolver, y
CONSIDERANDO:
Que la deliberación previa a la resolución ha concluido con el acuerdo de los señores Jueces que se transcribe a continuación.
El señor J. doctor S.M.B. dijo:
1. Antecedentes de la causa:
1.1. Mediante Sentencia Nº 75, del 1 de diciembre de 2014, la Cámara Segunda en lo Criminal de la IVª Circunscripción Judicial resolvió condenar a M.E.P. a la pena de dieciocho años de prisión, accesorias legales y costas, por considerarlo autor de los delitos de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego en concurso real con amenazas calificadas por el empleo de arma (arts. 5, 9, 12, 29 inc. 3º, 40, 41, 79, 41 bis, 55 y 149 bis C., y arts. 375, 498 y 499 C.P.).
1.2. Contra lo así decidido, M.E.P. dedujo recurso in pauperis y, luego de notificarse de ello, el señor Defensor Penal doctor J.P.P. interpuso recurso de casación, que fue concedido por el a quo.
2. Argumentos del recurso de casación:
La Defensa refiere el cumplimiento de los requisitos de admisibilidad e invoca la inobservancia y violación de la doctrina legal de los arts. 98, 374, 375 y 380 inc. 3 del Código Procesal Penal y 35, 40 y 41 del Código Penal, aduciendo que el fallo incurre en falta de fundamentación de la pena y omite la aplicación del exceso en la legítima defensa.
Así, su primer agravio se centra en el “error al no subsumir el hecho acreditado en la figura de exceso en la legítima defensa”. En tal sentido, el Defensor sostiene que, según el hecho acreditado por la Cámara, V. se acercó a patotear a V. y sus amigos, les disparó (un tiro le ingresó a V. en el abdomen) y luego de una pelea recibió dos disparos (con su propia arma).
Sigue diciendo que el Tribunal reconoció la agresión ilegítima contra V. y P., como asimismo que este último no provocó la pelea, sino que estaba sentado en una esquina\n/// con sus amigos fumando; que no provocó y recibió una agresión con disparos, por lo que su vida corrió riesgo y no puede pretenderse una reacción racional, además de que, cuando falta la racionalidad del medio empleado para repeler la agresión, la ley manda que se aplique el art. 35 del Código Penal. El recurrente agrega que, si no hay provocación y hay agresión con arma, el ánimo del joven que acaba de percibir que podía perder la vida no está en el equilibrio justo como para analizar opciones y decidir con frialdad.
Aduce que, si bien es cierto que al momento del disparo de P. las causales de la legítima defensa recién habían desaparecido, también es cierto que V. tenía otra arma más en su poder (en la mochila), y que lo cierto es que el Tribunal omitió considerar el planteo de que corresponde subsumir el hecho -tal como sucedió- en la figura de homicidio con exceso en la legítima defensa extensiva (cuando la conducta continúa una vez cesada la situación objetiva de justificación). Cita los precedentes STJRNS2 Se. 93/09 y Se. 40/06.
Entiende que para que exista legítima defensa debe darse una serie de requisitos:
“a) Agresión ilegítima: Al inicio del conflicto, existió una amenaza actual e inminente, sin embargo, al momento del hecho reprochado, había desaparecido (apenas momentos antes, pero reconocemos cuando ocurrió el hecho apenas había dejado de existir). [...] Este requisito para el exceso en la legítima defensa extensiva, es el que puede faltar (pero en algún momento anterior debe haber existido), porque justamente de eso se trata el exceso en la legítima defensa.
“b) Necesidad racional del medio empleado: La agresión inicial fueron disparos contra el grupo con arma de fuego, y como surge del debate, todos conocían que V. siempre tenía armas de apoyo en su mochila. Con lo cual, el único medio racional para repeler tamaña agresión, es cualquier medio a disposición, ya que el bien jurídico que se protege es la vida (además del orden que es común a toda legítima defensa) y el agresor tenía un arma de fuego, que tiene un poder ofensivo desmedido.
“c) Falta de provocación suficiente: Aquí también, es en la propia sentencia donde se reconoce que fue V. quien fue a iniciar el pleito a \'arreglar algunas diferencias\' y \'A.V. sacó a relucir un arma de fuego calibre 22 con la que llegó a efectuar algunos disparos, uno de ellos le impactó en zona abdominal a V.\'”.
Con lo anterior, el casacionista tiene por acreditado que existió una agresión ilegítima por parte de V. hacia P. (aunque se extendió temporalmente) y sus amigos, que la\n///2. agresión fue mediante arma de fuego al bien jurídico tutelado más preciado (la vida) y que no hubo provocación suficiente por parte de su asistido.
Por las razones expuestas, considera que se ha subsumido erróneamente la conducta reprochada, ya que no se trató de un homicidio simple sino de un exceso extensivo en la legítima defensa.
El segundo agravio plantea la “[d]esproporción de la sanción”, en el cual el letrado manifiesta que entre el hecho y la pena debe existir una proporción y considera que se omitió fundamentar la cuantificación. Cita párrafos de la sentencia y expresa que se partió de una premisa verdadera (hay muchas atenuantes) para arribar a una conclusión falsa (hay que imponer una pena alta).
Añade que no es cierto que P. no se arrepintió, pues del debate surge que sí lo hizo, y señala que se entregó voluntariamente al Juzgado de Instrucción y confesó el hecho desde el primer día. Narra que el imputado tenía dieciocho años al momento del hecho, así como un contexto familiar y social marginal que no le ofreció oportunidades de educación, y que mientras estaba tranquilo con sus amigos recibió un ataque con un arma de fuego por parte de la víctima. Recuerda que, luego del hecho, P. junto a sus amigos le dio patadas al cuerpo del joven fallecido (que había sido su amigo unos años antes), conducta del grupo de jóvenes que muestra la indignación que sentían todos por haber recibido disparos en forma injustificada. Además, prosigue, el arma fue puesta en la escena del hecho por el joven V. (P. no tenía...

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