Santa Cruz, el triste ocaso del feudo

 
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Luego de décadas en manos del kirchnerismo, la provincia de Santa Cruz vive hoy convulsionada y en estado de asamblea permanente desde hace una semana, con protestas en las calles, sueldos estatales que no se pagan, escuelas sin clases, la salud en emergencia y con una gobernadora que ha profundizado la ya de por sí grave situación que heredó al asumir.

Un dato sintomático que todo lo resume: la ex presidenta Cristina Kirchner no puede desplazarse sin custodia por temor a ser insultada y por primera vez hubo cacerolazos frente a su casa de El Calafate. Es que no hay otro culpable más que el kirchnerismo del descalabro al que ha llegado la provincia austral que el ex presidente y su viuda usaron como trampolín para su aventura política y como primer botín para su enriquecimiento personal.

Como fracturas expuestas, las consecuencias han quedado a la vista, y aunque la gobernadora Alicia Kirchner quiso echarle la culpa a su antecesor Daniel Peralta de haber "quebrado" el distrito, lo cierto es que los males venían de mucho antes, pese a que, como señaló el diputado Eduardo Costa (UCR), en los últimos 26 años Santa Cruz recibió hasta tres veces más fondos para obras públicas que cualquier otra provincia.

La ayuda del gobierno nacional quedó condicionada a que la gobernadora encare reformas y achique la sobredimensionada planta estatal, algo que, adelantó ella, se niega a hacer. Otra exigencia de la Casa Rosada pasa por la derogación de la ley de lemas provincial.

La senadora por Santa Cruz Virginia García, kirchnerista, habló de un "ahogo financiero y económico" desde que asumió Cambiemos. "Fue un ataque planificado y organizado", agregó. A estos dislates se sumó la ex presidenta cuando acusó a varios periodistas de integrar una "cadena nacional" de la mentira y mostró en el zócalo de sus programas la leyenda "Santa Cruz: la Venezuela argentina". Esa leyenda nunca existió, era falsa.

Mentiras, pésima gestión, feudalismo, corrupción, nepotismo e impunidad caracterizaron aquella aventura que comenzó cuando Néstor Kirchner accedió a la intendencia de Río Gallegos, en diciembre de 1987, y continuó con sus más de dos décadas como gobernador, de 1991 a 2003, año éste en el que asumió la presidencia de la Nación y comenzó una gestión que, continuada por su esposa, se prolongó poco más de 12 años.

Durante buena parte de esas décadas, Santa Cruz fue para ellos el filón no sólo político, sino también económico -con sus fondos estatales y regalías...

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