Santa Cruz: laboratorio de un poder autoritario

 
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Los ojos de la familia Kirchner y de sus principales aliados, testaferros y socios miran hacia Santa Cruz, el feudo que les garantiza un último búnker de blindaje judicial y político conseguido a fuerza de cooptaciones, aprietes y censuras instauradas desde 1991, cuando Néstor Kirchner asumió el primero de tres mandatos como gobernador de esa provincia, y perfeccionadas obscenamente durante su gestión y las de su esposa como presidentes de la Nación.

Lamentablemente para la democracia republicana, Santa Cruz ha sido el laboratorio que los Kirchner se propusieron trasladar con bastante éxito al plano nacional. Las columnas vertebrales de su largo reinado provincial fueron la destrucción de la división de poderes, la colonización de la Justicia y del empleo público, el manejo discrecional de fondos para beneficiarse y beneficiar a empresarios amigos y la clausura de cualquier atisbo de libertad de expresión mediante el brutal silenciamiento y persecución al periodismo independiente. Un ejemplo de esto pudo ser comprobado por LA NACION en enero de 2003, cuando una periodista, enviada especialmente a Río Gallegos para describir la provincia del entonces candidato presidencial Néstor Kirchner, se topó con agentes de inteligencia de la gobernación santacruceña que seguían todos sus pasos y vigilaban con quiénes se entrevistaba.

El único ensayo del laboratorio austral que no pudieron extender al orden nacional -aunque lo intentaron- fue la reforma política que le permitió a Néstor Kirchner perpetuarse en el poder mediante la reelección indefinida como gobernador.

Santa Cruz, una provincia rica en petróleo y atractiva para el turismo de alto poder adquisitivo, fue arrasada institucional y económicamente. En más de dos décadas de gobierno kirchnerista, sigue atada a la suerte de la actividad petrolera, cuyas abultadas regalías no se han visto reflejadas en las localidades de enclave. La industria está devastada y los campos, destruidos.

La obra pública de alto impacto, en tanto, sufre la cartelización de los empresarios amigos del poder. Basta recordar que, en marzo de 2006, el gobernador Sergio Acevedo, hoy alejado del kirchnerismo, debió renunciar frente a las presiones del gobierno nacional para que beneficiara con concesiones de obras públicas a empresarios amigos del gobierno nacional.

Desde el oficialismo se dice constantemente que Santa Cruz es la provincia donde más se invirtió por persona. Habría que recordarles a sus funcionarios que se...

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