La sangre pintada

RESUMEN

Ya somos grandes y no nos creemos del todo, como creían los viejos biógrafos, que la vida de un artista explique su obra.

 
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Ya somos grandes y no nos creemos del todo, como creían los viejos biógrafos, que la vida de un artista explique su obra. Más bien, puede pasar lo contrario: que la obra de arte ilumine una vida. Es el caso del artista argentino Daniel Callori.

"Empecé a dibujar a los 10 años en un hospital, adentro de una burbuja. Dentro de una estructura metálica con plásticos", contó una vez Callori.

La causa de la internación era una enfermedad bastante rara de la sangre; una enfermedad tan rara como peligrosa: la anemia de Falconi. Su nombre proviene del pediatra suizo Guido Fanconi, que la descubrió hacia 1927. Esta enfermedad se manifiesta sobre todo en los chicos por medio de anemias y episodios infecciosos y hemorrágicos que suelen ser persistentes y severos. La causa por la cual aparecen estos síntomas es la desaparición progresiva de las células sanguíneas que participan en estos procesos. Se cura con un trasplante de médula ósea y lleva mucho tiempo de recuperación, y parte de esa recuperación trabajosa trae consigo el aislamiento, como pasa con cualquier trasplantado, para evitar infecciones.

Cuando Callori salió del hospital lo único que hacía era lo mismo que cuando estaba adentro: dibujar. Dibujaba lo que veía, los objetos de la calle, las imágenes de la televisión. Después estudió pintura y, mucho más tarde, fue asistente del maestro Carlos Arnaiz.

Callori tiene ahora 35 años y ya está curado, pero las huellas de esa enfermedad de la sangre quedaron inficionadas en su imaginación visual. Esto es algo que puede descubrir cualquiera que pase a ver su muestra en Otto Galería. Los trabajos que allí se ven (óleos sobre lienzo o sobre papel) parecen una mezcla imposible entre un Seurat que hubiera abandonado intempestivamente la figuración y las superficies de Rothko. Pero la poética de Callori no opera al dictado de esas especulaciones históricas: como cuando era chico, lo gobierna la sangre.

"La sangre es un fluido muy singular", explica Mefistófeles en el Fausto, de Goethe. Lo dice en el momento en que sella su pacto. Callori no selló ningún pacto diabólico, pero sí tiene un pacto obsesivo con la singularidad de ese fluido....

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