Sanear las instituciones

 
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Si es verdad que ningún hombre nace malo, sino que esa condición se adquiere y hasta se perfecciona, podría pensarse que los gobiernos democráticos que esos mismos hombres y mujeres eligen, tampoco son malos, al menos en su origen. Por otra parte, resultaría ilógico y hasta violento creer que existen ciudadanos dispuestos a votar por quienes mejor les garanticen el fracaso de su país.Así y todo, los gobiernos malos o "de los malos" existen y se multiplican, especialmente de la mano de un fenómeno que se les hizo inherente: la corrupción, como bien ha definido el escritor y periodista venezolano Moisés Naím.Como dice Naím, ladrones en el poder ha habido siempre y también gobernantes incompetentes, pero, en estos tiempos, "la criminalidad de algunos jefes de Estado ha alcanzado niveles dignos de los tiranos de la antigüedad". Y, aun más, es una práctica que ya no se ejerce en solitario, sino que hay gobiernos que se asocian para delinquir de forma coordinada.Son los gobiernos cleptócratas, los que colectiva, sistemática y permanentemente se organizan de manera deliberada para enriquecerse y usar las fortunas acumuladas para perpetuarse en el poder. Agrega el articulista que esa cleptocracia no está sola: la asiste y completa la "cacocracia", el gobierno de los malos, de los ineptos, de los que proliferan en sistemas políticos degradados y caóticos, que repelen a los talentosos. Los ladrones y los ineptos, juntos. No hacen falta más consideraciones para llegar a comprender el poder destructivo de semejante combinación.Dos palabras resumen hoy como pocas esa vinculación, esa obscena familiaridad: Lava Jato. Un monstruo de corrupción que fue descubierto en Brasil, pero cuyos brazos alcanzan a numerosos países de la región y cuyos dedos apuntan directamente a las cabezas de sus gobiernos.Han pasado pocos años desde que la constructora Odebrecht admitió que pagó coimas en países donde operaba. Como en una cascada, el megaescándalo de sobornos fue arrollando a su paso la imagen -y la libertad- de muchos mandatarios y exmandatarios. Solo en Brasil, Lula da Silva, Dilma Rousseff y otros tantos dirigentes de primera línea fueron acusados, en menor o mayor medida, de algún tipo de vinculación con aquel delito, ya sea por acción directa, por obstrucción de la Justicia o por recibir financiamiento espurio para campañas electorales.Ollanta Humala, Alejandro Toledo y Alan García, en Perú, también fueron alcanzados por el monstruo del Lava Jato. Cayeron...

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