San Cayetano en los escombrosdel populismo

 
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"Este Macri nos mata de hambre; a veces me dan ganas de que vuelvan los otros", dijo un muchacho robusto con cara roja y curtida, y traza de albañil. Su compañero, que era más flaco y llevaba un bolsito al hombro, se detuvo en lo alto del puente en zigzag que cruza Dorrego a la altura de Guatemala, y le respondió con voz rotunda: "No, chabón, los otros ni a palos, se chorearon todo". No alcancé a distinguir cuál de los dos resumió el mal momento: "Qué desgracia", dijo, y siguieron caminando su resignación. Pasó hace algunas semanas delante de mis narices; no es un focus group de efectividad científica, pero capta a la perfección el target del máximo sufrimiento. Entre abril y mayo se perdieron cerca de 94 mil empleos privados, y se sabe que el 90% de ese drama corresponde al rubro de la construcción. El año pasado, a causa de una economía desquiciada, los costos alcanzaron el techo y la rentabilidad se hizo muy finita: muchos constructores guardaron los planes de obra para mejor ocasión. Y promediando septiembre, los gobernantes de la felicidad perpetua quemaron las naves: apagaron la obra pública y volcaron esa plata al consumo inmediato; había que generar un clima artificial durante los meses de las elecciones. Y que el próximo se arreglara con Dios.

A este cuadro se agrega, por supuesto, el miedo de la clase media, que en el conurbano bonaerense pospuso los arreglos y redujo severamente los gastos; el resultado fue la agonía de las changas y el cierre de cientos de pequeños comercios. Este contexto puso a temblar principalmente a quienes trabajaban en negro y ganaban un promedio de 15.000 pesos por mes, segmento no beneficiado por los planes sociales ni por las paritarias. Admite el Movimiento Evita que los gobiernos de Macri y Vidal mantuvieron -y en algunos casos reforzaron- la política asistencial de los Kirchner. El problema es otro, como explicó esta semana Emilio Pérsico, de buena sintonía con la ministra Carolina Stanley: "Antes había demanda de trabajo y de más derechos, y ahora hay demanda de alimentos. Hemos abierto seiscientos comedores en el conurbano y otros tantos en el resto del país. Hoy en los asentamientos y barriadas más pobres ya no van a los merenderos únicamente los chicos, sino la familia entera y a buscar comida".

El populismo multiplicó las villas, medró con la miseria y consolidó las desigualdades. La nueva administración no carece de sensibilidad social (mantuvo planes y ayudas), pero años de estanflación...

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