River está en trance, y el objetivo, cada vez más lejos

Se mira en el espejo y la realidad le devuelve una imagen incómoda. Acostumbrado a los triunfos, a los festejos en continuado y a minimizar a los rivales, la actualidad le impide a River proyectarse cómodo en el torneo local. La gloria reciente, con la Copa Libertadores como estrella máxima y la Suruga Bank, un trofeo de menor jerarquía pero que se luce con orgullo en las vitrinas del museo, repercute ahora en el rodaje de una estructura que se exhibe un escalón por encima del resto en el fútbol argentino. El empate 1-1 con Huracán enseñó que los millonarios siguen en trance, después de un enorme desgaste físico y mental. La igualdad marca que el objetivo de batallar por el título doméstico, a esta altura del camino, es una ilusión lejana más que una posibilidad que está a mano. Los rostros abatidos y el discurso manifiestan que, aun con un partido menos, la distancia que lo separa del líder Boca es un abismo.

Los números y el juego, dos aspectos que River dominó a voluntad en los últimos tiempos, ahora le dan la espalda al equipo que dirige Marcelo Gallardo. Aquellas ecuaciones que hasta hace un mes el conjunto resolvía con naturalidad hoy son de resultado poco satisfactorio. Cuando domina el resultado, una desatención lo empareja; cuando es dueño del desarrollo, no tiene la fina definición que le posibilitaba ser preciso y contundente. Esa baja de intensidad la sufrió ayer en el Monumental, donde hizo un primer tiempo de alto vuelo, aunque desperdició la ventaja por una equivocación. Porque Pity Martínez fue desequilibrante y mostró cuál era el camino para lastimar a su ex club. El volante, de cabeza, hizo la diferencia, en una acción que debió ser invalidada por off side del uruguayo Sánchez. Fue el inicio de un pasaje favorable, en el que Pity pudo estirar la ventaja en dos oportunidades y Vangioni estrelló un balón en el travesaño.

Pero en una jugada se desmoronó todo lo bueno que se estaba construyendo: con la pelota en el área de Huracán, el equipo hizo retroceder el balón hasta los pies de Barovero; el arquero cedió a Maidana, quien arriesgó y habilitó a Ponzio, que en su deseo de limpiar la jugada se quedó corto en el pase y Montenegro no desperdició la única acción de riesgo de que dispuso el Globo en el primer tiempo.

Volver a trabajar después de los logros es la premisa que impone Gallardo, el líder que renovó el vínculo hasta diciembre de 2017. El Muñeco echa mano de todas las piezas, desarrolla un período de oxigenación en un...

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