River, atado y confundido

RESUMEN

Como si todavía le duraran los efectos de la visita a la altura de Oruro del jueves, el equipo de Gallardo cerró una semana negativa con un rendimiento muy flojo en el 2-2 ante Quilmes, que se recuperó de dos desventajas

 
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Confundido, como si todavía estuviera apunado por la excursión del jueves en la altura de Oruro. Y eso que ayer tenía a casi medio equipo fresco, descansado (Vangioni, Funes Mori, Kranevitter, Rojas. Teo Gutiérrez), respecto del que padeció los efectos de los 3700 metros. Pero no hubo diferencia entre unos y otros. Pesado de piernas, poco lúcido mentalmente. Sin coordinación para manejar la pelota. Así estuvo este River, que no pudo gobernar desde ningún aspecto: ni desde el juego ni desde el resultado. Haber estado dos veces en ventaja no lo tranquilizó ni le dio seguridad. Anestesiado en el primer tiempo, tampoco le funcionó la fórmula del arrebato desesperado en el final. El partido se le hizo incontrolable, justo a un equipo que suele imponer condiciones.

La tarde de River fue una suma de preocupaciones. Desde el rendimiento general hasta la lesión de Pity Martínez, alguien que estaba llamado a cambiar el ritmo adormecido del primer tiempo y a aportar la cuota de creatividad que faltaba, pero la rodilla izquierda lo sacó rápido de la cancha. Para mayor sufrimiento e impaciencia de River, uno de los mejores fue un futbolista al que vio nacer y ayer volvió como adversario: Buonanotte jugó con la soltura del que conoce el escenario, aunque ahora le toque transitarlo con un equipo modesto, que se está intentando armar. Hizo un golazo, con un recorrido similar a los que convirtió en la campaña del título de River en 2008: desde la derecha gambeteó y aprovechó el movimiento de pivote de un compañero en el balcón del área para pisar la pelota y definir con un zurdazo. El gol despertó nostalgia en el Monumental y también instaló una inquietud que es nueva por la chatura que transmitió el equipo.

El papel de Quilmes estuvo por encima de las previsiones. Sometido a profunda renovación de nombres, fue un equipo bastante aceitado, no se desarmó y casi nunca perdió los papeles, salvo en los goles, jugadas en las que medió algún rebote, salidas demasiado precipitadas de Assmann e intervenciones de Mayada (en el primero) y de Teo Gutiérrez (en el segundo) al borde del off-side.

Quilmes bloqueó bien arriba sin necesidad de atrincherarse. Es más, sorprendió con la presión alta de los primeros minutos, con un 4-3-2-1 que se transformaba en un 4-3-3 con Droopy Gómez y Buonanotte casi de delanteros. De tan lento de reflejos que estuvo en el primer tiempo, River cayó repetidamente en la trampa que le tendió Quilmes: dejaba...

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