Reportaje al rabino Bergman

Autor:Ricardo Carpena
RESUMEN

Mediático y polémico, el rabino Bergman se ha convertido en una voz de referencia en la vida política y social del país. Crítico del Gobierno, dice que no busca ser parte de la oposición sino forjar un movimiento cívico que despierte a la ciudadanía de la indiferencia

 
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Los argentinos estamos enfermos de valores”

Es el rabino que se hizo famoso al lado de Juan Carlos Blumberg, que anunció luego que iba a trabajar con Elisa Carrió, que festejó con Mauricio Macri su triunfo electoral porteño en 2007, que reconoce como un referente a monseñor Jorge Bergoglio y que asegura que no forma parte de la oposición, aunque asocia a Néstor Kirchner con la locura, con Nerón, con Juan Manuel de Rosas y con el "anarcoseudoprogresismo totalitario".

Planteado en estos términos, Sergio Bergman podría ser el mejor símbolo de los zigzagueos argentinos. Pero él dice que no es así y tiene una explicación para sus pasos, aunque es cierto que, vistos desde la lógica tradicional de la política argentina, se puede caer en esta simplificación casi pecaminosa del derrotero de este referente religioso y social que ya se convirtió en un fenómeno.

Fenómeno mediático, por un lado, porque su mensaje, lleno de juegos de palabras y de conceptos claros sobre, por ejemplo, el sistema republicano y la inseguridad, es tan contundente y marketinero que acapara centímetros y segundos en los medios. Y político, además, porque ha logrado crecer como ideólogo de un movimiento cívico que busca, más allá de las ideologías, que los argentinos participen para renovar y mejorar los partidos y, en definitiva, el sistema democrático.

Claro que ese camino está plagado de buenas intenciones, pero no es nada aséptico: no oculta ni disimula ninguna de sus opiniones lapidarias contra la corporación política en general y, en particular, contra el kirchnerismo. En la entrevista que mantuvo con Enfoques fue enfático al aclarar que no se considera opositor ni crítico del Gobierno: "Yo tengo un pensamiento crítico del sistema", prefirió decir, instantes antes de quejarse de la decisión de anticipar las elecciones nacionales: "Esto no es para la gobernabilidad sino para querer perpetuidad, y usar todos los recursos y aplicar las técnicas de dominación, que son estratégicas. Tener a la gente sometida en la miseria y cambiarle por prebendas la conciencia del voto es una estrategia."

Pero a todos los argentinos, y al peronismo en especial, tampoco les fue mucho mejor: sin nombrarlos, los consideró "partícipes necesarios de un golpe cívico-corporativo" en 2001. "Cinco presidentes en una semana es la evidencia de la manipulación corporativa, porque hasta que no llegaba el que tenía que ser íbamos a seguir dando vueltas como una calesita", sostuvo el rabino.

De todas formas, Bergman destacó que "los argentinos estamos enfermos de valores y la solución es cultural", e hizo hincapié en que "el problema no son las candidaturas porque una república no se hace con votos sino con participación".

En este punto fue particularmente duro hacia la indiferencia y la falta de compromiso de la sociedad: "El único principio sagrado que defendemos los argentinos es el bolsillo", señaló, e inmediatamente pidió "no dividir entre la sociedad civil y los políticos, sino entre los buenos y los malos". Y allí ofreció una de sus tantas frases dirigidas a movilizar a la gente: "En la Argentina no avanzamos por culpa de todos los buenos que no hacen nada, no por culpa de los malos".

Insistió en que no será candidato en las próximas elecciones y en que, en cambio, se considera "candidato a ciudadano" e impulsor de un "modelo de cogestión" con los representantes elegidos en las urnas, de forma tal de "no dejarlos solos del otro lado de la trituradora".

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