Remate

 
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1

Domingo a todo Japón, empezando por mi apetito de dromómano que pronto saciaré: quiero caminar los 488 kilómetros que separan Tokio de Kyoto desandando la antigua ruta Tokaido, construida al borde del mar del Este por orden del primer shogun del clan Tokugawa y cuyas 53 postas fueron magistralmente dibujadas por el pintor Hiroshige. Atesoro una cita del escritor británico J. G. Ballard –que pasó parte de su infancia encerrado en un campo de concentración ponja–: "Creo en la historia de mis pies".

2

Este inusitado país insular produce pasmo segundo a segundo. En la mochila de su honorable embeleso hay toneladas de vanguardia tecnológica. Una noticia reciente postula un singular contramano, los dumbphones. Capeando el vendaval de celulares demasiado sofisticados, estas maquinolas tontas e irrompibles proponen el acceso a resoluciones de lo más básicas –allá lejos y en el tiempo, ¿recuerdan?–, como llamar o mandar un SMS usando un teclado con letras ¡reales! que hacen, oh sí, plif y plaf al apretarlas.

3

Vuelvo, subyugado, a flirtear con el sempiterno satélite de YouTube en busca de algún pasatiempo absurdo que practiquen en la tierra del sol naciente. Raudamente me topo con Miniature Space, una extravagante colección de videos nipones de cocina en los que todo (menos las manos), desde las sartenes hasta las mesas, pasando por las hornallas y el morfi, son de dimensiones liliputienses. Irrisorias reducciones gastronómicas que, fruto de la minuciosidad obsesiva de sus creadores, resultan de algún modo hipnóticas.

4

Hace...

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