La relación de Macri con la Iglesia y el Papa

 
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Hay una rumorología sobre disidencias presuntas entre el Gobierno y la Iglesia. Y hay una cuestión que ha sobrevolado esa relación en días y meses recientes: la existencia de un núcleo enorme de pobreza entre los argentinos. Lo primero es una interpretación; lo segundo es un hecho y, por lo tanto, irrefutable. Cualquiera que se tome el trabajo de golpear la puerta de despachos religiosos y gubernamentales se llevará una sorpresa. No hay grandes diferencias ni en el cálculo de la pobreza, ni en su diagnóstico, ni en la solución del problema. Una segunda sorpresa es fácilmente perceptible: ni obispos ni funcionarios quieren disentir entre ellos.

La figura del papa Francisco también forma parte de esos rumores y es, tal vez, lo que estimula aquellas versiones sobre las supuestas diferencias locales. Es cierto que hay un sector de la sociedad furiosamente antikirchnerista, al que no le cae bien nada de lo que hace o dice el Papa. Una parte de ese fanatismo adscribe al gobierno de Mauricio Macri. Es fácil, por lo tanto, describir al Pontífice y al Presidente en bandos enfrentados, pero la verdad es más sofisticada. Existe otro fanatismo, el cristinista. Entre los dos fanatismos suman un 24% de la sociedad, un porcentaje que no es desdeñable y que explica la dificultad de curar la fisura social.

Anteayer, el Papa se reunió a solas con Hebe de Bonafini. La protagonista es conocida por sus provocaciones verbales y fácticas. Muy pocos argentinos (es difícil encontrar otro) han ofendido, como la ha hecho Bonafini, a la persona del Papa con las palabras y con los hechos. ¿Por qué interpretar esa reunión como una agresión contra Macri y no como lo que es: un gesto religioso de perdón... Desde que Bonafini ocupó la Catedral de Buenos Aires, Bergoglio se propuso buscar las razones de semejante encono y acercarse a ella. La invitó al Vaticano cuando todavía Cristina Kirchner era presidenta. Bonafini le contestó que todavía no era el momento. Hace poco, Bonafini le escribió para decirle que el momento había llegado para ella. ¿Qué podía hacer el Papa si no renovar la vieja invitación? Bergoglio cree que ningún desencuentro es definitivo. Acaba, por ejemplo, de convocar a un diálogo al sector lefrebvista del catolicismo, el más ultraconservador, el más alejado de cualquier idea de Dios y de su Iglesia que pueda tener el Papa.

Exponentes importantes de la Iglesia aseguran tener la impresión de que ni Macri ni el macrismo se proponen distanciarse de...

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