El récord de Messi se hace esperar y Cristiano no para

 
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No se fue enojado ni buscó directamente los vestuarios. Otra derrota, la segunda consecutiva, y un récord que se le está resistiendo no lo transportaron a ese estado de abstracción inabordable en el que a veces queda Lionel Messi. Se saludó afectuosamente, con sonrisa incluida, con Eduardo Berizzo, el director técnico de Celta. El Toto sí tenía más motivos para sentirse pletórico: el equipo gallego ganó en el Camp Nou después de 73 años. Y también le daba continuidad a un orgullo argentino: los dos últimos entrenadores que visitaron a Barcelona y se fueron festejando una victoria por la Liga fueron compatriotas. El anterior fue Juan Antonio Pizzi, con Valencia, a principios de febrero de este año.

Pasaron 197 minutos desde que Messi quedó a un gol de la plusmarca de los 251 de Telmo Zarra por la Liga. Cuando le convirtió a Eibar, quizá no daba para imaginar que iban a pasar más de dos partidos sin alcanzar la marca histórica. Oportunidades no le faltaron, aun en una temporada en la que Messi desarrolló más la faceta de asistente que la de goleador. En ambos rubros suma 7. Su cantidad de goles es igual a la de Joaquín Larrivey, una de las revelaciones del torneo, que ayer marcó el de la victoria de Celta con un toque bajo a un costado, tras recibir una estupendo pase de taco de Nolito.

Messi pasó en blanco hace una semana por el Santiago Bernabéu, donde celebró 12 conquistas, y ayer. Casillas le sacó con las yemas de los dedos una definición que no sólo hubiera sido vital para su cuenta personal, sino que podría haber tenido injerencia en el resultado porque habría sido el 2-0 en un clásico que Real Madrid terminó ganando 3-1.

La influencia e importancia de Messi no se discuten en un equipo que expone las dudas del técnico Luis Enrique para encontrar una formación confiable y un estilo definido. Hay jugadores que entran y salen (Pique, Xavi, Jordi Alba, Pedro), Iniesta está desgarrado y Luis Suárez, en su segundo encuentro, le toca entrar en un momento en el que el resto no le facilita la adaptación. Esta inestabilidad se refleja en el rendimiento del equipo, que ya no lleva por bandera el toque y la posesión de la época de Guardiola ni resuelve por una vía más directa.

Hay nerviosismo y falta tranquilidad. De la ansiedad y la falta de justeza en el último toque no se salva ni Messi. Ayer dispuso...

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