Problemas reales, ...¿soluciones aparentes? Breves reflexiones acerca de la cuestión de la inseguridad ciudadana

Autor:Gustavo A. Arocena
Páginas:103-106
 
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  1. En un libro publicado en 1984, que fundó la criminología realista de izquierda, JOHN LEA y JOCK YOUNG expresaban: “Estamos atrapados entre dos opiniones opuestas sobre el delito: los medios de comunicación y gran parte de la derecha están convencidos de que la tasa de criminalidad está aumentando precipitadamente, de que la lucha contra la delincuencia es de fundamental importancia para la opinión pública y de que se debe actuar drásticamente para evitar que la situación empeore hasta llegar al barbarismo. La izquierda, por el contrario, busca minimizar el problema del crimen en las clases trabajadoras; la criminología de izquierda ha intentado durante la última década —con algunas notables excepciones— desenmascarar el problema del delito. Ha señalado los delitos de los poderosos, de mucho más peso, enfatizando la urgencia de los problemas de la clase trabajadora. Considera que la lucha contra el crimen es una distracción de la lucha de clases, que constituye, en el mejor de los casos, una ilusión inventada para vender noticias, y, en el peor de los casos, un intento de crear chivos expiatorios, al culparlos de la circunstancia brutalizante en la que se encuentran” (LEA-YOUNG 2001:53). Ello no les impedía reconocer, sin embargo, algo que acaso parecería difícilmente controvertible en esta República Argentina de comienzos del siglo XXI: que el delito es realmente un problema (LEA-YOUNG 2001:263).

    Déjeseme resaltar esta aparente perogrullada.

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    El delito, no sólo en nuestro país, sino en todas las sociedades postindustriales, es un problema real.

    Lo es, incluso, con independencia de las variaciones, hacia arriba o hacia abajo, de la tasa de criminalidad de esas sociedades en un lapso determinado.

    Lo es, al menos, en tanto da base a la “existencia en nuestro ámbito cultural de una verdadera demanda social de más protección” (SILVA SÁNCHEZ 1999:20).

    ¿Qué hacer frente al delito, entonces? Este es un interrogante que no puede procurar ser plausiblemente respondido, si no se asume que sólo un punto de partida real como éste hace posible una respuesta político criminal también real y, por ello, eficaz.

    ¿Por qué insisto con esta idea?

    Porque cuando el teórico se obstina en la elaboración de conceptos y aun enteros sistemas jurídico penales, ignorando su esencia política y —principalmente— sus consecuencias reales, la discusión jurídico penal parece caer en autismo (ZAFFARONI 2002:54, 52).

    Y con ello, no sólo resulta debilitada...

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