La pura alegría

 
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La felicidad, a veces, es apenas eso: una corriente de agua quizás fría, el chapuzón despreocupado, la mejor hora del día (ese momento de la tarde en que la luz, de tan suave, es dorada; y el calor no aprieta, pero acaricia). Entonces sí: la piel erizada, toda la fuerza de una vida hecha risa, juego, grito repentino.Y, sin embargo, el canal donde este niño de Bangkok, Tailandia, le saca lustre a lo que queda de la jornada tiene algo de trampa escondida. Sus aguas, a simple vista tan tentadoras, están en realidad contaminadas. No sabemos -la foto no lo muestra- si el chico se salteó algún cartel de alerta o...

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