Una puesta que exhibió el dilema del enroque

 
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El sismógrafo político detectó un movimiento imprevisto hace una semana, pero aún no alcanzó a determinar con precisión si se trató de un terremoto o de una simple turbulencia. Todavía hay pocas certezas sobre los efectos definitivos del . Solo se notó que sacudió con fuerza la frágil estructura del peronismo alternativo y movió un poco la estantería de la Casa Rosada.El escenario para las antes de esa sorpresa mostraba una ventaja de la expresidenta sobre de seis puntos, según consultoras como Isonomía (33 a 27) y Aresco (40 a 34). En tanto los candidatos del espacio intermedio (Roberto Lavagna, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto) sumaban unos 30 puntos, aunque con un déficit: ninguno de ellos lograba retener más de la mitad de esa cifra si quedaba como postulante único en octubre.Todavía no hay demasiada evidencia numérica sobre cuánto cambió el panorama esta semana, porque las encuestadoras prefieren esperar un poco hasta que decante la novedad. Solo Opinaia difundió un relevamiento según el cual el kirchnerismo subió entre uno y tres puntos (según los rivales), y Federico Aurelio detectó una variación similar en un trabajo a nivel de provincias que abarcó el 60% de los votantes del país. No parece por ahora que la escala de Richter se haya conmovido demasiado.Pero también es cierto que tampoco parece haber sido el objetivo principal de la jugada. Alberto Fernández es una figura más identificada con la operación política que con las convocatorias populares. Su designación apunta a la ampliación de la base dirigencial, no tanto a seducir votantes con su carisma. Y en su debut como precandidato él respondió a esta premisa. Primero atravesó el rito de iniciación en el Jordán santacruceño. De la mano de Rudy Ulloa visitó el mausoleo de Néstor Kirchner y recibió una estatuilla del expresidente, casi una transferencia del legado mitológico. Un homenaje al primer nestorismo, el "kirchnerismo virtuoso" según la mirada del propio Fernández. Alberto es K.Después dejó en claro que la apertura y moderación que persigue su entronización abarca esencialmente una dimensión político-electoral. Busca recuperar el vínculo con el peronismo herido por el maltrato de los últimos años de predominio militante. "Alberto es el único interlocutor que en los últimos tiempos nos llamaba para hablar de construcción política. Fue un puente clave que ahora fue reivindicado por Cristina", explicó un gobernador peronista, que se había alejado del...

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