¿Puede un ethnoscape heterogéneo constituir un 'genos' y su exterminio un genocidio?

Autor:Yehonatan Alsheh
Páginas:11-26
 
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¿Puede un ethnoscape heterogéneo constituir un genos y su exterminio un gen ocidio?
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Yehonatan Alsheh
¿Puede un ethnoscape* heterogéneo constituir
un genos y su exterminio un genocidio**?
Introducción
¿Podemos leer las nociones de genos
y ge nocidio de Raph ael Lem kin tamb ién
hacien do referenc ia a un p atrón nacio nal
en el cua l grupos sociales hete rogéneos
pued en de alguna forma coexist ir en un
único Es tado, tal como el patrón nac ional
polaco de entreguerras? ¿Podemos leer a
Lemkin pensando el patrón nacional polaco
de entregue rras como un genos p articular
que fue destruido entre septiembre de 1939
y la segunda mitad de l a década de 1940?
A continuación me gustaría no solo presen-
tar dicha lectura sino también mostrar que,
contextualizado adecuadamente, interpre-
tar a L emkin de esa f orma parece ca si in-
evitable.
La vid a y carrera de Lemkin e n la Po-
lonia de entreg uerras es probablemente la
parte peor informada y más malinterpretada
de su vida desde una perspectiva política.1
* El texto utiliza el neologismo inglés “ethnoscape”, creado por el teórico Arjun Appadurai. Este define al “ethnosca-
pe” como el “flujo de personas que constituye el mundo cambiante en el cual vivimos: tur istas, inmigrantes, refu-
giados, exiliados, trabaj adores golondrina y otros grupos y per sonas que constituyen una característi ca esencial
del mundo en el que vivim os y parecen afectar las políticas de las naciones y entre ellas en un nivel que no tiene
precedentes” (N. del E.).
** Traducción: Daniela Szenkman.
1 Como muestra el historiador Ryszard Szawlowski en su artículo “Raphael Lemkin´s life journey: from creative legal
scholar and well-to-do lawyer in Warsaw until 1939 to pinnacle of international achievements during the 1940s in the
States ending penniless crusader in New York in the 1950s”, en Agnieszka Bienczyk- Missala and Slawomir Debski
(eds.), Rafal Lemkin - A Hero of Humankind. Varsovia: the Polish institution of International affairs, 2010, pp. 31-58.
2 Ibíd, p.38, citado de un artículo presentado por Michael Ignatieff en diciembre de 2001 en el Museo del Holocausto.
Texto completo en: www.ushm.org/conscience/events/ignatieff/ignatiev/php.
Algunas de las public aciones clave sobre
él tienden a presentarlo equivo cadamente
como víc tima de un ant isemitismo pol aco
dese nfrenad o y co mo uno de es os “pa -
triotas polaco s trágicos al que nunca se le
otorgó la admisión a la nación que reclamó
como pro pia”.2 Como pre tendo argumen-
tar, tal conce pción de Le mkin surge de
una vers ión distorsion ada de la vida judía
en l a Polon ia de e ntreguer ras y d a lugar
a una mala interp retación sistemáti ca del
sentimiento que tenía L emkin de profunda
pertenencia a cierto patrón nacional polaco
que existió entre 1918 y 1939.
Lemki n no se de spertó d e pront o en
1939, dándos e cue nta t rágica mente de
que los ju díos n unca f ueron e n real idad
parte de la naci ón polaca, aunque se es-
for zaran m ucho por conve ncerse de lo
contrario. Lemkin no consideraba al patrón
nacion al católico homo géneo de la Pol o-
nia de posguer ra como el auténtico genos
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Revista de Estudi os sobre Genocidio
polaco, que habría estado esperando todo
ese tiempo d ebajo de la sup erficie de la
ficció n política artif icialmente creada que
supu estament e era el Estado polaco de
entreguerras.
Por el contrario, él veía el patrón nacio-
nal polaco d e entreg uerras, conforma do
en no más del 60% por polacos católico s,
como un gen os e n verdad existe nte que
fue aniq uilado después de septiembre d e
1939 . Prime ro, por los i nvasores nazis y
soviéticos, que deportaron poblaciones de
forma violenta y asenta ron otras poblacio-
nes en su l ugar, si endo el hecho emble-
mático e l asesinato sis temático nazi d e la
población judía. Pero también, más tar de,
luego de la victoria sobre la Alemania nazi,
al ser la poblaci ón Volksdeutsche expulsa-
da hacia Alemania.
El hecho de qu e los nazis presentaran
y en tendieran sus acc iones co mo la an i-
quilación de l a raza judía no significa q ue
haya sido lo que realment e aniquilaron: e l
asesin ato sistemá tico de lo s judíos e uro-
peos destruyó varios patrones nacionales y
los reestructuró de man era irreversible. La
creación de la nación homogénea católico-
polaca de posguer ra fue la creación de un
nuevo genos sobre l as ruinas de un genos
que est uvo allí ante s. En el exac to mismo
modo en que la creación de la nación is-
raelí construyó un nuevo gen os sob re las
ruinas de un genos que existió allí con an-
terioridad.
En es te aspecto , el sigu iente art ículo
sugiere qu e la noción de Danie l Feierstein
de “ práctica s social es genocidas ”, a la s
que d efinió c omo “aque lla tecno logía de
poder cuyo objeti vo radica e n la destr uc-
ción de las relaciones sociales de autono-
mía y cooperación y de la identidad de una
sociedad, por medio del aniq uilamiento de
una fracción relevante (sea por su núm ero
o por los efectos de sus prá cticas) de d i-
cha sociedad y del uso del terror producto
del aniquila miento para el estable cimiento
de nuevas relaciones sociales y modelos”,3
es en mu chos s entido s simi lar a lo q ue
Lemkin tenía en mente al proponer el con-
cepto original de genocid io. Con es to no
pretendo invocar un principio de autori dad
utilizando la figura de Lemkin, sino sugerir,
a través de esta lectura particular del jurista
judeo-p olaco, cómo un entendimi ento de
genocidio toda vía considerado subversivo
y claram ente no hegemó nico tiene de he-
cho m uy en cue nta las s usceptibil idades
originarias a partir de las cuales emergió el
concepto original.
1.
Nunca sabremos si, mientr as Raphael
Lemkin estaba acuñando el término “geno-
cidio”, repetía en su cabeza el famoso dis-
curso de Winsto n Churchill, t ransmitido el
24 de agosto de 1941, en el cua l bramaba
que: “estamos ant e la presencia de un cri-
men sin nombre.”4 Esta anécdota, que res-
ponde más a un gesto estilístico que a una
exposición de hechos, es constantemente
rep etida en p ublica ciones que menci o-
nan l a acuñació n del térm ino genoci dio.5
Sin e mbargo, el problema de descri bir el
término g enocidio como el nombre que le
faltaba a Chur chill es que oculta el hec ho
de que est e último hablaba de un “crimen
sin nombre” par a no usar otro término que
3 Daniel Feierstein, El genocidio como práctica social. Ent re el nazismo y la experiencia argentina, Buenos Aires, Fon-
do de Cultura Económica, 2007, p. 83.
4 “Meeting with President Roosevelt”, 24 de agosto, 1941, Trans misión, Londres, en Winston S. Churchi ll, The Unre-
lenting struggle: war speeches. London, Cassell, 1943, p. 232.
5 Samantha Powe r, A Problem From H ell - America and th e Age of Genocide, N ew Yok, Basic Books , 2002, pp. 26-
29; John Quigley, The Ge nocide Convention - an International L aw Analysis, Burlington, Ashgate, 200 6, p. 4; Martin
Shaw, What is Genocide?, C ambridge, Polity press, 2007, p.19; Wil liam A. Schabas, Genocide in Internation al Law,
Cambridge, Cambrid ge University Press, 2000, p . 14; Seyla Benhabib, “From the dialectic of enlightenm ent to the
origins of totalitarianism and the genocide convention, Adorno and Horkheimer in the company of Arendt and Lem -
kin”, en Breckmann et al., The Modernist Imagination, New York, Berghahn, 2009, pp. 299-330.

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