Prueba de la acusación y Estado de derecho (Enfoque político-criminal)

AutorJosé I. Cafferata Nores
Páginas105-118

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I. El hecho de que un sistema de procuración y administración de justicia penal funcione en un Estado de Derecho no significa para nada que deba ser “blando”, ni mucho menos que favorezca la impunidad. Por el contrario, tiene que ser eficiente para probar y así lograr el castigo del delito en todos los casos que así lo establezca la ley; pero especialmente en lo relacionado con los delitos muy violentos, la criminalidad organizada, el ilícito económico y la corrupción gubernamental y administrativa.

Lo que sí ocurre es que el Estado de Derecho fija marcos legales dentro de los que tales actividades deben moverse, precisa roles que se deben distinguir, y asignar responsabilidades y establecer normas de garantía individual que se deben respetar en la búsqueda y el logro de la prueba de culpabilidad que conduzca a la necesaria eficacia. Lograr la simultánea vigencia de esta eficacia y de aquellas garantías, es el desafío mayor al que se debe enfrentar el sistema de procuración y administración de justicia penal en unaPage 106 democracia. Y en esta tarea cumplirá un rol decisivo la investigación, porque es a través de ella que se deberá procurar la obtención de las pruebas indispensables para lograr la condena de una persona por la comisión de un delito, e imponerle la sanción correspondiente.

Así lo han entendido los órganos supranacionales de protección de los derechos humanos con competencia en nuestra región (Corte Interamericana de Derechos Humanos y Comisión Interamericana de Derechos Humanos), que han señalado que el Estado tiene el deber jurídico de “investigar seriamente con los medios a su alcance [...] las violaciones —delictivas a los derechos— que se hayan cometido [...] por lo que, tratándose de delitos de acción pública [...] perseguibles de oficio, el Estado tiene la obligación legal indelegable e irrenunciable de investigarlos, promoviendo e impulsando, las distintas etapas procesales”, lo que constituye un “deber propio” y no “una simple cuestión de intereses particulares que dependa de la iniciativa procesal de la víctima [...] o de la aportación privada de elementos probatorios”. La aportación pública, entonces, de elementos probatorios de la culpabilidad es responsabilidad de la acusación estatal.

Y han proporcionado la razón principal por la que el Estado debe actuar así: la necesidad de dar cumplimiento a su obligación de “garantizar el derecho a la justicia de las víctimas”, entendiendo a la persecución penal, cuando alguno de los derechos de aquéllas haya sido violado por un delito, como un corolario necesario de la garantía a obtener una investigación judicial a cargo de un tribunal competente, imparcial e independiente en que se establezca la existencia de la violación de su derecho, se identifique “a los responsables” y se les imponga “las sanciones pertinentes”. O sea que, para cumplir con esas garantías, el Estado debe procurar las pruebas de la violación delictiva y de sus responsables.

II. La imagen tradicional de la justicia, simbolizada en una balanza en la que los platillos están equilibrados, transmite a su vez la idea que éstos se van a ir moviendo hacia abajo o hacia arriba,Page 107 según las pruebas que, a modo de pesas, en cada uno de ellos se carguen. En el proceso penal propio del Estado de Derecho existe un desequilibrio inicial a favor del acusado, pues como automática reacción frente a la existencia de una imputación penal, el orden jurídico presume la inocencia de aquél, presunción que pone como si fuese una pesa arriba del platillo del acusado, desbalanceándolo totalmente a su favor. Esto determina que el acusador que quiera intentar destruirla, tenga la responsabilidad de demostrar que es falsa, cargando de pruebas su platillo (el de la acusación) hasta invertir completamente el sentido de la balanza, como única forma de evidenciar que el presumido inocente no lo es, porque en realidad es culpable. Como hoy expresan con toda claridad los tratados internacionales sobre derechos humanos, todo acusado es presumido inocente “hasta que no se pruebe su culpabilidad”, lo que obliga al acusador (que generalmente es el órgano estatal: Ministerio Público Fiscal) a procurar pruebas de cargo para ponerlas sobre su platillo, buscando que éstas vayan desbalanceando la balanza a favor de la culpabilidad, hasta lograr que el peso de la prueba invierta totalmente la posición inicial de esa balanza inicialmente favorable a la inocencia, evidenciando el triunfo de la acusación. ¿Y si las pruebas de la acusación no logran invertir totalmente la posición inicial de la balanza? No podrá entonces dictarse una sentencia de condena, pues el peso de la presunción de inocencia al no haber sido vencido por el peso de la prueba de cargo, prevalecerá sobre ella: habrá que absolver.

Queda así claro, entonces, que no son los jueces los que condenan, sino que son las pruebas las que condenan; y que esto así ocurra es la garantía más notable del proceso penal en un Estado de Derecho, porque ni las impresiones de los jueces, ni las intenciones de los jueces, ni los prejuicios de los jueces, ni la condena de los medios de prensa, ni las expectativas públicas, ni siquiera la íntima convicción de los jueces sobre la culpa del acusado, pueden condenarlo; sólo pueden hacerlo las pruebas de las que se pueda inducir razonablemente la existencia del delito y la participación del acusado.

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III. Pues bien, ya hemos señalado que como hay una presunción constitucional de que el imputado es inocente, lo que hay que probar para poder condenar es que ella es falsa, hay que probar lo contrario; es decir, hay que probar que la verdad es que el sujeto ha cometido el delito del que se lo acusa. Esta verdad, la que busca la investigación penal, es del tipo de la llamada verdad “histórica”. Se trata de reconstruir conceptualmente hoy, algo que ocurrió presuntamente antes, un acontecimiento del pasado.

Este emprendimiento tiene una dificultad y cierta facilidad. La dificultad es que la verdad histórica no se puede probar por experimentación. Si yo fuera físico y luego de explicar en que...

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