Un proyecto obstinado que desvela a toda Europa

 
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Europa siguió ayer con febrilidad e incluso con fascinación las elecciones en Cataluña, ante la perspectiva de su independencia. Las primeras reacciones a los resultado electorales parecen indicar que, pese a la dura derrota que sufrió Artur Mas, la corriente soberanista sigue dispuesta a convocar a un referéndum encargado de responder a esa pregunta crucial: "¿Desea usted que Catalunya sea un nuevo Estado de la Unión Europea?"."El bloque de partidos soberanistas en nuestro Parlamento será mayoritario, eso significa que se hará una consulta", comentó el jefe de campaña de CiU, Lluís María Corominas.Esa reafirmación fue observada en Bruselas y en las principales capitales europeas como una peligrosa obstinación que prolongará una situación ambigua y perjudicial para España en momentos en que está luchando para salir de la crisis. También penaliza al resto de Europa, que no necesita abrir un frente de crisis en momentos en que tiembla la zona euro, el debate sobre el presupuesto 2014-2020 está creando profundas divergencias y Gran Bretaña amenaza con abandonar la Unión Europea (UE).En Europa, raros son los especialistas que ven con beneplácito el proyecto del presidente de la Generalitat, Artur Mas. La gran mayoría ha dedicado estas últimas semanas a señalar los obstáculos y dificultades que podrían hallar los catalanes si decidieran internarse por el camino de la independencia.El primero de ellos sería jurídico. La pasión ha llevado a los nacionalistas catalanes a afirman que una Cataluña independiente entraría sin problemas en la Unión Europea (UE). Nada es menos seguro.El artículo 4.2 del tratado de Maastricht establece que la adhesión de todo nuevo Estado requiere el voto unánime de los 27 socios. Difícil imaginar al gobierno español aceptando esa secesión. Madrid aplicaría probablemente su derecho de veto.Pero la cuestión va mucho más allá de la UE. La independencia de una porción de territorio de un Estado es un tema jurídico complejo. Para resumir, se podría decir que, tratándose de una secesión, es decir de una independencia pronunciada sin el acuerdo del Estado concernido, el derecho internacional es francamente reticente a reconocerla. La convención de Viena de 1983 sobre la sucesión de los Estados (aunque no haya entrado en vigor por falta de ratificación) ni siquiera tiene en cuenta la posibilidad. Esto, a pesar de que las Naciones Unidas reconocen el principio de la autodeterminación de los pueblos. En derecho internacional, reconocer la...

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