Procedimientos de la actividad

AutorMarcela Agustina Ibáñez
Cargo del AutorMartillera y corredora pública (UNC. Colegio Nacional del Monserrat, 1990), Perito Tasadora (1991)
Páginas89-143
Capítulo Segundo
PROCEDIMIENTOS DE LA ACTIVIDAD
I. EL COMERCIO
1. Aspectos generales
El corretaje de bienes muebles y semovientes se ejecuta en
el ámbito del comercio, siendo entonces menester efectuar las
aclaraciones previas pertinentes en la materia. El vocablo
comercio proviene de la voz latina “commercium”, de “cum”:
con, y “merx”, mercis, mercancía; de allí el significado asigna-
do en lengua castellana. Asimismo, en un sentido general, se
ha definido el comercio como toda negociación que se hace com-
prando, vendiendo o permutando “unas cosas por otras”.
Cabe agregar que también suele identificarse con la deno-
minación de comercio a la comunicación y el trato de personas
o pueblos entre sí. O bien, a toda tienda, almacén o estableci-
miento dedicado a la venta de cosas, como el conjunto de efec-
tos o especies en que se comercia, entre otras acepciones; en
síntesis, nos orientamos a aquellas que importan a la actividad
económica y decimos que comercio es toda actividad realiza-
MARCELA AGUSTINA IBÁÑEZ90
da con ánimo de lucro y que consiste en intermediar en forma
directa o indirecta, entre productores o dueños de la cosa y con-
sumidores o interesados en adquirirla, con el fin de facilitar y
promover la circulación de la riqueza.
Es importante destacar por un lado, que desde nuestro punto
de vista, el comercio de bienes, productos y servicios, se presen-
ta en forma simultánea con los fenómenos o aspectos jurídicos
y económicos, sin dejar de lado las técnicas de comercializa-
ción; y por el otro, es que debemos recordar a estos fines, que una
de las características esenciales que nuestras normas legales
le confieren al acto de comercio es: el ánimo de “lucrar” con la
enajenación de las cosas adquiridas a título oneroso.
2. Evolución comercial y la civilización
El comercio surge y se desarrolla paulatinamente a medi-
da que la actividad comercial del hombre va creciendo y po-
demos decir que éste aparece desde el mismo origen de la
civilización. El individuo debió satisfacer un sin número de
necesidades para sí mismo y su grupo social, tanto de orden
físico (alimento, abrigo, herramientas, bienes) como espiritual
(instrucción, estatus social, etc.); pues para alcanzar lo que
consideraba útil, la naturaleza le proporcionó los elementos
básicos de consumo como así también la inteligencia para crear
y manufacturar nuevos productos.
Corría el tiempo y las relaciones sociales crecían, comenza-
ban a manifestarse nuevas necesidades humanas, por lo que el
hombre tuvo que procurarse de nuevos elementos para poder
satisfacer las demandas que requería la civilización que avan-
zaba, ya no era suficiente con la labor individual, pues fue
necesario asociarse y agruparse a fin de distribuir el trabajo y
el esfuerzo para la producción; comienzan a segmentarse por
conocimientos y capacidades, surgiendo así las especializacio-
nes; pero cabe agregar, que el esfuerzo volcado en un determi-
CAPÍTULO II - PROCEDIMIENTOS DE LA ACTIVIDAD 91
nado sentido, es decir, dedicado exclusivamente en un aspec-
to por ejemplo la pesca, produce un excedente del mismo, por
lo que se comenzó a buscar el cambio o mejor dicho el intercam-
bio de cosas variadas.
Surge así el trueque, lo que constituye la forma más primiti-
va del comercio, consistiendo simplemente en el intercambio de
productos. En sus inicios, sólo se realizaba entre los miembros
de una misma comunidad, por lo que se fue extendiendo paula-
tinamente —conforme nuevos requerimientos de cosas— hacia
comunidades aledañas y luego más lejanas. Por entonces, era
necesario buscar unidades de medidas para el trueque o cambio,
en virtud a la disparidad de volúmenes e importancia de las
cosas que se canjeaban, surgiendo entonces un patrón de medi-
da para el intercambio de los productos, como por ejemplo: sal,
te, algodón, bueyes, granos, pieles, etcétera.
Tras el empleo del metal, ya sea bajo la forma de armas,
utensilios y adornos, entre otros, surgieron como materiales
predominantes el oro, cobre y plata, los mismos se comenzaron
a presentar en barras o lingotes, siendo finalmente en discos,
lo que en última forma, permitió su fraccionamiento.
Los discos de metal debidamente fraccionados sirvieron
como unidad de cambio, resultando total su aceptación; su
diseño, peso y valor fueron garantizados por las autoridades
de cada comunidad, la que mediante el cuño oficial, le dio na-
cimiento a lo que conocemos como “moneda”, que es el dinero
de uso legal, patrón de intercambios. Las relaciones sociales
y comerciales entre diversas comunidades se fueron hacien-
do más frecuentes, por lo que la moneda continúa sirviendo
a tales intercambios, pero se destaca —al margen— que en la
actualidad aún sigue siendo la unidad de medida: el metal oro.
La dinámica impuesta por las actividades comerciales, más
aun, por la potencialidad industrial, han hecho prevalecer al
papel moneda en reemplazo del metal, el billete constituye
moneda de curso legal por ser papeles impresos emitidos y
firmados por el gobierno de un Estado, siendo también en la

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