¿Principios o Circunstancias?

Autor:Roberto M.Estévez
Cargo:El autor es licenciado en Ciencias Políticas (UCA), doctor en Ciencia Política (USAL), abogado (UCA), Master en Dirección de Empresas (IAE-U. Austral)

De la década del ‘70 a la del ‘80 cambió el interés de los alumnos: los valores sociales y familiares perdieron relevancia frente a los valores económicos. Ya a fines de la década del ‘80 teníamos que explicar que la ética era una disciplina académica, común a muchas escuelas de negocios; y días antes de comenzar el curso solíamos remitir a los alumnos el programa y una secuencia de fotocopias del Financial Times, Wall Street Journal, etc. donde se hablaba sobre la importancia de la ética en el mundo de los negocios, para que nos prestaran atención.

Entrados los ‘90, los alumnos demostraban mayor sensibilidad y discutían divididos entre quienes defendían que “en el mundo de los negocios estamos para hacer negocios”, sin importar cómo (Business are business), y los que proclamaban que preferían abandonar un mercado antes que pagar una coima.

Con el advenimiento del presente siglo la cuestión ha dado un nuevo giro: la discusión se torna por momentos angustiosa y no dudo que, en poco tiempo, pueda ser agresiva.

Por ahora nos encontramos, por una parte, con los defensores de la continuidad de las empresas sin importar el costo moral, y con los defensores de un orden moral que se considera dañado, por la otra. Cada vez se ve más cercano el momento en que los alumnos vuelvan a introducir en las aulas, desde un planteo ideológico, la tensión individuo-comunidad.

La ideología

Pero la ideología es un invento moderno, funcional a una civilización racionalista y simplificadora. Toda representación de la realidad es una simplificación. Tomando el ejemplo de la geografía, no hay carta topográfica que pueda suplir la experiencia de estar en el paisaje. La ideología que supo tener características de carta topográfica en el siglo XX es hoy sólo un croquis esquemático.

De alguna manera, la ideología facilitó evitar la pregunta moral: no formularnos siquiera opiniones morales y mucho menos conocimientos. Fue un “enlatado moral” listo para el consumo, comida chatarra para nuestra inteligencia. Desde la ideología es imposible el diálogo moral y por lo tanto la solución a los problemas siempre costará vidas humanas. Los muertos del régimen bolchevique, los de la Segunda Guerra Mundial, los de la Guerra Fría y el número todavía desconocido de los de la Revolución Cultural China fueron víctimas de las ideologías. En cambio, la auténtica función social de la moral es cuidar la vida humana, ayudando...

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