La pregunta que desvela a España: qué hacer con el rey

MADRID.- ¿Cómo llamarlo? ¿"Ex rey", "rey padre", "conde de Barcelona", "alteza", a secas?El título que anteceda a su nombre es apenas el más anecdótico de los dilemas que plantea al poder político español la inesperada de Juan Carlos I, un monarca tan esencial al sistema que nadie en 38 años se había animado a tramitar una ley que regule su retiro., la oposición y la casa real se apresuran desde anteayer a acomodar un desorden similar al que vivió el año pasado el Vaticano cuando Benedicto XVI tomó la decisión, sin precedente en 600 años, de renunciar al pontificado.Se trata de un vacío legal que incluye materias de lo más espinosas.El vacío legal incluye materias de lo más espinosas. La principal: qué pasará con su estatus judicial para una figura institucional que deja el cargo salpicado por escándalos de corrupción en su familia.La Constitución de 1978 dispuso que el rey de España es "inviolable", es decir que no está sujeto a responsabilidad penal; ni siquiera se lo puede citar como testigo. Pero ese beneficio exclusivísimo formará parte de la herencia de Felipe VI. Nada dice la ley fundamental sobre qué pasa con el monarca que deja el trono en vida."La inviolabilidad de los actos que haya aprobado durante sus años en la Jefatura del Estado pervive. No habrá responsabilidad retroactiva", opina Luis Aguiar, catedrático de Derecho Público de la Universidad Carlos II.¿Y si se lo involucrara en actos judiciables posteriores a la proclamación de su hijo, prevista para el próximo miércoles 18? Si alguien, por caso, decidiera cuestionar su patrimonio, ¿cuál sería la línea temporal para descartar una investigación? Los expertos admiten que no está claro y que es una materia que debería dilucidarse con precisión en una futura ley o decreto sobre la corona."No imagino una ley orgánica que declare la inviolabilidad de alguien más allá de las previstas en la Constitución porque vulneraría los derechos de un tercero a la tutela judicial", opina el constitucionalista Fernando Álvarez-Osorio.Algunas conductas de Juan Carlos I en los últimos años merodearon la crónica judicial, como su "entrañable amistad" con la noble alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, una sigilosa profesional del tráfico internacional de influencias.También en la causa por el fraude al Estado en la que se investiga a la infanta Cristina y a su esposo, Iñaki Urdangarin, hay referencias a actos del rey que -de no ser por la inmunidad constitucional- podrían haber derivado en un pedido de...

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