El precio del sinceramiento

 
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Decidió pagar todo el precio político ahora, cuando ningún peligro la asedia. Es una apuesta que alejará a la Presidenta de la clase media y, en última instancia, también de los sindicatos. Cristina Kirchner acaba de tomar la decisión más importante, desde que quedó viuda, de una manera distinta de la que hubiera elegido su esposo. A partir de enero, si no existen cambios en el medio, todos los argentinos deberán pagar los servicios públicos sin subsidios. Eso significa que se duplicarán o se triplicarán las actuales tarifas; las subas podrían ser más grandes en algunos casos. Sólo serán beneficiados por los subsidios los consumidores que los pidan expresamente, luego de la autorización del Gobierno y según un sistema que nadie conoce de antemano.Néstor Kirchner era, en cambio, un enamorado del gradualismo para aplicar medidas impopulares. De hecho, cuando era presidente hizo confeccionar varios proyectos de sinceramiento de las tarifas de servicios públicos. Todos debían prever aumentos graduales. Ninguno funcionó porque los dos Kirchner le temían, sobre todo, a la tapa de los diarios del día posterior. Detestaban la sola idea de que se hablara de "tarifazo", porque esa palabra maldita los asimilaba a los gobiernos anteriores. Esto los unía; el mecanismo que terminó usando Cristina los diferencia.El kirchnerismo creó así, entre tantas aprensiones políticas y mediáticas, una sociedad enviciada con los subsidios. ¿Por qué los barrios elegantes de la Capital y del norte bonaerense estaban subsidiados en sus consumos de gas, electricidad y agua? ¿Por qué el interior, muchas veces más pobre, debía pagar tarifas mucho más caras por esos mismos servicios? Nunca hubo otra respuesta que la que explica una alianza tácita: el Gobierno les huía a las decisiones impopulares y la sociedad vivía hipnotizada en una burbuja de inexplicables subsidios. Ese sistema, que llegó a estimar los subsidios al consumo para el año próximo en más de 110.000 millones de pesos, debía terminar en algún momento. Lo que podía ser comprensible en 2003 era un absurdo en 2011, después de varios años de alto crecimiento económico.Llámese "equidad" o "aumento de tarifas". Importa poco. El bolsillo es uno solo. El kirchnerismo se enamora más de la narración de las cosas que de las cosas. De todos modos, el caso de las tarifas no es el del dólar. La salida de capitales (que en octubre superó los 4000 millones de dólares) no podía esperar más. La Argentina no puede emitir dólares y éstos se...

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