Con el populismo en la sangre

reaccionó como la más celosa de las republicanas y como si enfrente hubiera tenido al peor populista. Pero su interlocutor era un hombre de la Casa Blanca: Lukas Henderson, director para América del Sur del Consejo de Seguridad Nacional. Tal vez fue un malentendido lingüístico. Ocurrió en la mañana de anteayer en Washington en una reunión organizada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos que incluyó a diputados de espacios disímiles, como Gabriela Estévez y Laura Russo, de Unidad Ciudadana; Roxana Reyes y Luis Petri, de la UCR y Héctor Flores, de la Coalición Cívica. Henderson había decidido hablar en castellano, algo que el mundo diplomático desaconseja si no se es nativo, y dijo que parte del respaldo norteamericano a la Argentina se sustentaba en la vieja amistad que tenían Trump y Macri. "No entiendo cómo puede ser que la relación no sea con el Estado argentino, sino personal con el actual presidente", se exasperó Camaño. Henderson insistió en las afinidades.Es el estilo Trump. Con pocos matices y, si se quiere, cierto sesgo latinoamericano: el trato con el mundo es más individual que multilateral y, por lo tanto, se hace difícil separar gobiernos de Estados y Estados de naciones. Desde la óptica institucional representa exactamente lo que les reprocha a legisladores de la oposición: que no reparen en que hay un mundo que observa a la Argentina como país, independientemente de quién esté en el poder, y sean capaces de proponer proyectos de ley inviables al solo efecto de perjudicarlo en . Penurias de un ingeniero en la política.El Presidente está enojado. Se lo dijo a los radicales no bien salió de su almuerzo de anteayer en la Casa Rosada, el segundo con Macri en cinco días. Parte del origen de ese malhumor son desencuentros ideológicos: cree que el populismo ha calado hondo en la sociedad por irresponsabilidad de la dirigencia y que revertirlo puede llevar décadas o, peor, no ocurrir nunca. El resto obedece a la situación económica y quizás a algo más: acaba de entregarle al Gobierno encuestas con resultados inquietantes incluso en distritos donde la ventaja de Cambiemos era abrumadora. Por ejemplo en la Capital Federal, donde la intención de voto oficialista se ubica en 37 puntos, apenas cinco por sobre , a quien el Gobierno imagina candidata en octubre justamente por eso: porque tiene posibilidades de ganar. Es cierto que esos sondeos anticipan todavía un final abierto y tampoco excluyen la posibilidad de que aparezca un...

Para continuar leyendo

Solicita tu prueba