La polarización también fue protagonista en la Caracas del masivo adiós

 
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CARACAS.- Una enorme fotografía de Chávez sonriente y rodeado de chicos de escuela recibe a los viajeros que desembarcan en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, a 30 minutos de Caracas. "Sigamos juntos", dice la leyenda.Pero, enseguida, la autopista que conduce a la capital revela la realidad y el dolor: http://www.lanacion.com.ar/1560430-los-venezolanos-lloran-la-muerte-de-su-presidentecaminan en silencio, para confluir más adelante en el cortejo fúnebre que acompaña los restos del líder."Chávez no ha muerto", "La lucha sigue, Chávez vive", claman sus seguidores. "Hasta la victoria siempre, comandante Chávez", dice la televisión estatal, en un cartel sobreimpreso, durante la transmisión en continuo de la marcha, seguida en calles, bares y hogares de todo el país.En eso coincidieron ayer los chavistas con la otra mitad de Venezuela, la de los críticos de la revolución bolivariana. Porque también los opositores siguen la transmisión en vivo y la despedida, impactados como todos.http://www.lanacion.com.ar/1543707-la-muerte-de-hugo-chavez-un-lider-de-mil-perfiles, demasiados como para no asistir a su final. Pero no hay muchas más coincidencias entre unos y otros en este país que ha quedado dividido por los largos años del comandante Chávez, un país de ellos y nosotros, de buenos y malos."Para mí, Chávez era un padre, un hermano, un amigo, para mí era todo, no tengo palabras para describirlo", dice una mujer mayor que se queda ronca de tanto llorar.Una larga fila de seguidores hace cola frente al micrófono de la televisión para expresar su dolor. Siguen otros testimonios contra "la oligarquía", advertencias contra cualquier intento de volverse contra "el pueblo", porque quienes allí hablan se dicen dispuestos a defender la revolución a capa y espada.Fuera de la marcha, sin embargo, hay algo más de espacio para la reflexión y los matices."Es un duelo nacional para los que estamos de acuerdo con el sistema, Chávez es un hombre que se ocupó de los pobres. Eso sí, era muy autoritario, muy soberbio. No quería que nadie le hiciera sombra. Pero el pueblo lo quería, le toleraba ese autoritarismo. Porque él les daba a los necesitados, era un Robin Hood", dijo más tarde a LA NACION un taxista de 60 años que, por las dudas de quedar expuesto a los ojos del gobierno, según dijo, sólo dio su nombre de pila, Jaime.El hombre lanza su comentario mientras maneja por un barrio alto que pertenece al municipio de Baruta, en Caracas, donde años atrás fue alcalde Henrique...

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