Pobreza sustentable... ¿profecía autocumplida?

 
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En la Francia de 1771, el químico Antoine de Lavoisier había recibido de su suegro, como dote, una concesión para recaudar impuestos -la Ferme Générale-, y, además de investigar el fenómeno de la combustión, cuentan que se interesó también por la naturaleza humana. En particular, por las maniobras que realizaban los propietarios para no pagar sus deudas. Como aquel hombre rico que simulaba pobreza para exhibir menor capacidad contributiva. Al comienzo, se vestía con modestia y circulaba a pie, sin fausto ni lacayos. Con el tiempo, fue perfeccionando la simulación descuidando sus casas y el cultivo de sus campos. Era tal su empecinamiento en pagar menos a sus acreedores que de verdad se hizo pobre. La profecía autocumplida. Peor la pasó Lavoisier, el mejor científico de Francia, quien fue guillotinado en 1794 por el odio que su concesión suscitaba, al amparo del lema "la República no necesita de sabios ni de científicos".En la Argentina, la cuestión de la deuda externa se ha enlazado con las ciencias de la naturaleza a través de expresiones popularizadas en tiempos de agroquímicos, deforestaciones y contaminaciones. Se ha entrado en un berenjenal idiomático y el gran público ya no sabe si la deuda debe ser sustentable o la economía, sostenible; si los acreedores deben soportarla o la población, sostenerla.La visión clásica indica que una deuda será sustentable o no según la hoja de ruta que el deudor defina para el futuro. Un esfuerzo serio de crecimiento, aun en este contexto adverso, haría sustentable lo que parecería no serlo. Un manejo errático e incoherente, en cambio, hará insostenible cualquier economía, insustentable todo endeudamiento e insoportable, para la población, su triste consecuencia: un país insostenible, insustentable e insoportable.El ministro de Economía, Martín Guzmán, ha focalizado su interés en esa negociación con aparente descuido de otras facetas de la gestión económica, como si el alivio financiero de una buena reestructuración fuese suficiente para poner al país de pie, luego de la pandemia.Como en la anécdota del hombre rico, el ministro no ha develado su plan económico para no alertar a los acreedores respecto del potencial de la Argentina y así mejorar los términos del eventual acuerdo. Pero simultáneamente, de tanto "llorar miseria", está provocando la famosa profecía autocumplida.Hasta ahora, mientras Guzmán cambia tácticas ante los bonistas, su cartera intenta paliar los daños que la cuarentena provoca sobre...

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