Ricardo Piglia: 'Me interesa mucho más la vergüenza que la culpa: es un sentimiento más puro'

 
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"Hay que mantener el silencio alrededor." No es una orden. da la instrucción en broma, con voz un poco débil, pero con la urgencia de propiciar la ceremonia de la charla. Al escritor no le gusta dispersarse en confesiones ni pormenores innecesarios; la charla adopta más bien la forma de un pensamiento que va haciéndose y desplegándose en voz alta. Esto lo sabe cualquiera que haya escuchado alguna de sus clases, y esas clases se hicieron públicas con la serie de que pudieron verse hasta hace poco por televisión.Por la puerta ventana que da al patio del PH entra perfume a jazmín. En la mesa ratona del living hay tazas de Pickwick, el té negro preferido del escritor. Pickwick evoca a Charles Dickens y también Piglia hace pensar ahora por un momento en Dickens. "Era el mejor de los tiempos. Era el peor de los tiempos." Así empieza la novela Historia de dos ciudades y algo de la frase podría ser válido también para él. Un problema de salud lo obliga a guardar reposo. Pero este nuevo estado de reposo consiste más bien en una actividad incesante, un actividad que sólo es posible puertas adentro y que permite tareas contra las que cualquier distracción conspiraría.Para empezar, Fondo de Cultura Económica sacará en los primeros días de noviembre su Antología personal, que incluye ficciones, y varios ensayos e intervenciones inéditos. Por otro, y después de revisar la obra de Borges en sus clases televisivas, Piglia regresó a otro de sus escritores favoritos de siempre: Roberto Arlt. Terminó hace semanas el guión de una miniserie de treinta capítulos sobre Los siete locos y Los lanzallamas, que ya empezó a rodar Fernando Spiner y que se estrenará en marzo. Es algo inusual. Los libros de Piglia fueron saliendo con grandes lapsos entre ellos, y la aparición, con poco más dos años de diferencia, de las novelas Blanco nocturno (2010) y el El camino de Ida (2013) fue una excepción.Pero lo que ocupa estos días, estas tardes del escritor, son sus diarios: un conjunto de innumerables cuadernos y libretas de tapas invariablemente negras que Piglia empezó a llenar obstinadamente desde fines de 1957 y del cual sólo se conocían hasta ahora en forma de libro unos fragmentos que la Galería Jorge Mara-La Ruche publicó en 2012 con ilustraciones del artista Eduardo Stupía como catálogo de una muestra conjunta.De esa cantidad de páginas, Piglia extrajo ahora un Diario de China, registro de un viaje de 1973, ya listo para la publicación. El resto es trabajo; trabajo sedentario...

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