Rápidos y furiosos: estrategias argentinas para sobrevivir en la calle

 
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El es hábil: elude al auto que , se adelanta al que avanza por el otro carril y atraviesa la calle justo antes de que un colectivo se le venga encima. Los conductores con los que se cruza también muestran sus destrezas: interpretan el gesto con que otros les avisan que no piensan ceder la prioridad de paso , y dejan pasar a las motos que se les adelantan por la derecha sin por ello generar un choque en cadena. no les van en zaga, capaces de cruzar la calle a la velocidad necesaria, en el punto de la vereda que más les conviene y al filo del malón de autos que comienza a arrancar. La sensación de que semáforos, señales y normas de tránsito son poco más que un decorado se suma a un espacio público cada vez más hostil (inseguridad, cortes de calles a repetición, arterias desbordadas, transporte público deficiente), con una tasa de siniestros viales tan alarmante como la dosis de estrés que exige transitar por cualquier circuito a cielo abierto en la Argentina."El sistema es el que produce los sujetos viales –explica el antropólogo Pablo Wright, investigador UBAConicet que trabaja en etnografía vial–. Otros sistemas, como el uruguayo o el chileno, producen otro tipo de ciudadanos en la calle." ¿Cómo diseñar, entonces, políticas capaces de intervenir en algo más ligado a nuestros rasgos culturales que a la simple transgresión de la ley? ¿De qué modo interpelar a una ciudadanía que protesta frente a la ineficiencia de los organismos públicos, pero, al mismo tiempo, considera una afrenta –cuando no un mero intento recaudatorio– el control estatal?En lo que hace a los argentinos, nuestros modos de vincularnos, posicionarnos frente a la autoridad estatal y ejercer ciudadanía están allí: en cada cruce de ruta, avenida o senda peatonal. En el sistema vial se actualizan nuestro amor por la velocidad y la improvisación tanto como nuestro entrenamiento en la ambigüedad normativa y la inestabilidad."Individualista, competitivo, desconfiado. También muy hábil. Y, cuando hay problemas realmente graves, muy solidario": así define Wright al argentino promedio en la calle. Un ciudadano surgido al cabo de sucesivas crisis institucionales e inmerso en un entorno social más bien fragmentado, donde adquirir las artes de la improvisación tiene la ganancia de la supervivencia, pero el costo del estrés.Si, por caso, un suizo al volante ve un cartel que indica "Pare" no tiene mucho que decidir: se detendrá, y ya. Sin embargo, un argentino pensará: "Aminoro la marcha y me...

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