El piano, con sangre, entra

 
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Exigencia. Un antiguo proverbio, que no por añejo deja de sonar horrendo, prescribía que la letra, con sangre, entraba. Se sostenía que el maltrato y cierta violencia eran provechosos para que el alumno mejor adquiriera conocimientos, fueran éstos la tabla del siete, algún precepto bíblico, la longitud exacta del Nilo con todos sus meandros o, por qué no, los misterios de la música. En este último campo proliferaron los profesores duros que ejercían la docencia con particular rudeza. Entre los grandes maestros de piano que aterrorizaban a sus alumnos, Theodor Leschetizky tiene un lugar de privilegio. Aquel pianista polaco, que vivió entre 1830 y 1915, después de una larga estadía en San Petersburgo, se radicó en Viena, donde estableció su escuela de piano. Entre sus alumnos más notables estuvieron Ignace Jan Paderewski, Ossip Gabrilovitch, Teresa Carreño y Artur Schnabel. Su fama de gran pedagogo hacía que se...

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