Cruzados y pescadores

Autor:José Antonio Zanca
Cargo del Autor:Magister en Historia. Profesor en la Universidad de San Andrés. Investigador del CONICET
Páginas:196-216
 
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CRUZADOS Y PESCADORES
José A. Zanca*
“La cuestión está en saber si hemos de contentarnos con un cristianismo de
fachada, y si una ciudad es cristiana porque alza la cruz en las procesiones y
enseña el catecismo en las escuelas, o si la cruz ha de ser llevada por nosotros
como la llevó nuestro Dios y Señor”.
RAFAEL PIVIDAL
Esta ponencia intenta comunicar algunas reflexiones a las que
hemos podido arribar hasta el momento, en el marco de la investigación
sobre el desarrollo del humanismo cristiano en el campo intelectual
católico argentino. Es por eso que la temática se apartará, en alguna
medida, de la figura de Jacques Maritain, para enfocarse en sus segui-
dores argentinos de los años treinta y cuarenta.
LOS AÑOS TREINTA: LADESPRIVATIZACIÓNRELIGIOSA
En 1935, un año después de la celebración del Congreso Eucarístico
Internacional, Julián Alameda publicaba una extensa obra, de más de
mil páginas, finamente ilustrada con dibujos de Juan Colone Isaia.
“Argentina Católica”, su título, intentaba reflejar el esplendor que en
pocos años había adquirido una institución (y un campo intelectual) que
casi hasta fines de los veinte ocupaba un lugar subordinado, casi oscuro
en la actividad científica, artística o historigráfica. Alameda describía
la innumerable lista de obras pías, asociaciones, congregaciones mas-
culinas y femeninas; en fin, el gran abanico del catolicismo argentino.
Con lujo de detalles, las fotografías exhibían un aspecto que obsesionaba
a las más altas jerarquías eclesiásticas: la presencia pública del cato-
licismo, aquellas obras que lo hacían más visible. Esas construcciones
* Magister en Historia. Profesor en la Universidad de San Andrés. Investigador del
CONICET.
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197III. LA CULTURA EN UNA SOCIEDAD PLURAL
que le recordaban a las oleadas de inmigrantes el “carácter esencial”
del católico pueblo argentino: las catedrales, las iglesias, los conventos.
Este despliegue contrastaba con la dura realidad política y económi-
ca, mucho más sombría de los años treinta. La restauración conserva-
dora trajo de nuevo un proyecto tan peligroso como inviable: la conser-
vación del poder por un sector de la élite, al costo de la degradación de
la totalidad del sistema político. Esa dirigencia equilibrista, encarna-
da en Agustin P. Justo, navegaba entre las presiones de distintos sec-
tores políticos, en un sistema que se tornaba, paradójicamente, cada vez
más mezquino. En ese marco, el liberalismo perdió legitimidad en des-
tacados sectores de la intelectualidad local. ¿Cuánto y cómo? Por lo
menos entre los intelectuales católicos, las críticas al liberalismo se
convirtieron en un discurso estructurante de su nueva identidad.
Aunque no identifiquemos la crisis con un modelo ideológico particu-
lar, debemos reconocer la mutación en el imaginario social que orga-
nizaba el comportamiento de muchos actores sociales. En otras pala-
bras, la crisis se expresó en una disyunción entre lo que debería ser y
lo que es.
Los trabajos sobre este período han señalado la confluencia entre el
pensamiento católico y el nacionalismo, entendiendo que ambos com-
partían un conjunto de ideas comunes (la restauración de las jerar-
quías, el antiliberalismo, un esencialismo cultural, el autoritarismo
político, etc.), y numerosos espacios sociales y culturales. Se ha indi-
cado la superposición de personajes que militaban en organizaciones
laicas de la Iglesia, y en muchas agrupaciones nacionalistas, así como
el sutil (y a veces no tanto) guiño de la jerarquía hacia sectores que
demostraban con más ahínco oponerse al “liberalismo laicista”, com-
partiendo su misma vocación anticomunista.
Sin negar lo precedente, creemos que para comprender la emergen-
cia del humanismo cristiano y su impacto en el campo católico, es
necesario redefinir algunos términos del problema. Proponemos
encuedrar la presencia pública de la cuestión religiosa, y de la Iglesia
católica y sus instituciones, en el proceso de “desprivatización” religioso
que ha descripto Julián Casanova.1 La “desprivatización”, junto a la
separación de esferas (lo público y lo religioso), y a la disminución de la
práctica religiosa, forman los tres componentes esenciales del concepto
de secularización que, según Casanova, se ha impuesto en Occidente.
1 Casanova, Julián, Oltre la secolarizzazione. Le religioni alla riconquista della sfera
pubblica, Bologna, Il Mulino, 2000.
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