La pesada deuda con China para construir Atucha III

Paradojas del kirchnerismo. En menos de una semana, Alberto Fernández anunció el pre-acuerdo con el Fondo Monetario para reestructurar la deuda por US$44.500 millones y viajó a Pekín con el contrato ya firmado para construir la central nuclear Atucha III, con tecnología y financiación china, que implicará para la Argentina un endeudamiento extra de US$12.000 millones. O sea, más de una cuarta parte (27%) de aquella cifra; en este caso, a 20 años de plazo con ocho de gracia y un interés de 7% anual.

Esta ambivalencia del Gobierno quedó relegada a segundo o tercer plano tras el revuelo político provocado por la renuncia testimonial de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque oficialista de diputados -donde mantiene la banca y fueros parlamentarios-, para marcar su desacuerdo ideológico con la negociación con el FMI sin que se conozcan la letra chica ni los números finos. Y más aún luego de la afirmación presidencial en Moscú de que aspira a depender menos del Fondo y de los EE.UU, lo cual sugiere un cambio de dependencia financiera a favor de Rusia y China más afín al gusto de Cristina Kirchner, al costo de corroborar la falta de un programa propio de crecimiento económico.

Todos estos ingredientes disruptivos prometen elevar el voltaje político del tratamiento en el Congreso del aún incierto acuerdo con el Fondo. Sobre todo, porque el proyecto de la central nuclear china (casi "llave en mano") atravesó los últimos tres gobiernos y la pesada deuda que implica su financiación a largo plazo comprometerá a las próximas cinco gestiones a partir de 2024. También es probable que se extienda al nivel técnico, donde hace tiempo varios especialistas discuten la oportunidad, conveniencia, tamaño y costo de la obra.

La construcción de Atucha III, de 1200 MW de potencia instalada (equivalente a El Chocón) en el complejo de Atucha I y II en Lima, partido de Zárate, será la cuarta central nuclear de la Argentina (la restante es Embalse, de 648 MW, repotenciada en 2019). Fue incluida en 2014 por el gobierno de CFK tras la ampliación de la asociación estratégica con China sellada en 2004 por Néstor Kirchner como un eslabón de la geopolítica del gigante asiático de expandir su influencia en Latinoamérica y África a través de grandes obras de infraestructura. Luego fue reformulada por el de Mauricio Macri, hasta que la crisis crediticia de 2018 frenó todo; y en el otoño de 2021 la pandemia obligó a postergar el viaje a Pekín de Alberto Fernández para reactivar...

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