Perón sigue escribiendo nuestras vidas

 
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El arte refleja, pero también crea la realidad: una película "inventó" el relato setentista y articuló todas las argumentaciones de época que hicieron luego posible el montonerismo. Se llamó La hora de los hornos, la codirigió Pino Solanas y entre muchos momentos amenazantes o estrafalarios se destaca uno de los más vergonzosos: el escrache a Manuel Mujica Lainez. La cámara se le acerca en una firma de libros para mostrarlo junto a caballeros bienudos y señoras paquetas, con los dedos enjoyados y una admisión obvia: su eterna deuda con la cultura europea. Una voz en off lo castiga: "Su pensamiento es también el de una intelectualidad sumisa al poder neocolonial. La 'intelligentzia' del sistema. Una élite que traduce al castellano la ideología de los países opresores". A continuación, y con idéntico desprecio, los directores les caen a chicos que salen de los cines, bailan rock o miran discos por Lavalle, y a personas que concurren comiendo bananas a un happening del Instituto Di Tella, a quienes contrastan con un entierro colla en Jujuy: la Argentina frívola y cipaya contra la Argentina seria y auténtica. El escritor Carlos Gamerro rescata este episodio y explica: la idea era presentar al autor de Aquí vivieron como una especie en extinción, la clase de sujetos que serían barridos del mapa por la revolución nacional y popular: "No soy capaz de ver esta escena-añade- sin abrigar la sospecha de que a Manucho también lo eligieron por maricón, además de por aristócrata y decadente: con lo machista que era la cultura militante de aquellos tiempos, casi va de suyo". Después Pino se exilió, como corresponde a un latinoamericanista de profundas convicciones, en España y en Francia. Y Mujica Lainez cayó en desgracia en las aulas y los cenáculos, y lo borraron de la historia, hasta que una colección de cuentos lo indultó hace un ratito nomás; muchos colegas descubrieron entonces que era un gran prosista.Gamerro, además de ser un novelista destacado, firma uno de los ensayos fundamentales del siglo XXI: Facundo o Martín Fierro. Los libros que inventaron la Argentina. Un trabajo que deberían sumar a su dieta bibliográfica los politólogos vernáculos, puesto que alumbra desde la crítica literaria otra visión acerca de las narraciones que formatearon la política en estos doscientos años de desventuras. Sin compartir la hipótesis ideológica de Borges, la propuesta de Gamerro parte de una creencia borgeana: otra habría sido nuestra historia, y mejor, si el...

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