Para un periodismo que valga la pena

 
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Palabras pronunciadas ayer en la Universidad Católica Argentina en la entrega de los premios Adepa 2016

Esta fiesta para el estímulo y la emulación expresa lo que puede haber de más inspirador en las fiestas del periodismo. Aquí están los ganadores de los premios Adepa 2016: desde los mejores trabajos en periodismo político, económico y científico hasta lo que se centra en el bien común, en la investigación pura, en las caricaturas o los espectáculos y los deportes. Aquí están parientes y aquí están amigos de quienes han sido señalados por jurados confiables, en diecinueve categorías, por la relevancia en disciplinas que integran el vasto mundo de nuestro oficio.

Para nosotros también están presentes, de una manera quizá más leve, pero no menos significativa, aquellos otros que también concursaron y aguardarán nuevas oportunidades a fin de que se los tenga en cuenta en el balance de una generación. Han ejercido todos por igual el derecho a competir lealmente y han tonificado así entre ellos al conjunto de las presentaciones.

En Adepa no hay periodismo de clases A, B o C, ni discriminación por razones ideológicas, étnicas, religiosas o las que fueren. En la práctica cotidiana de la regla de la igualdad por parte de nuestra institución desde hace más de medio siglo, todos los medios, todos los periodistas valen por igual. Y de hecho así lo prueban las oportunidades múltiples en que la presidencia de Adepa ha sido ocupada por representantes de diarios de modesta circulación, pero de aportes considerables a la configuración de un periodismo integrador de la nacionalidad.

No olvidamos, sin embargo, que hay medios cuyos recursos facilitan más que otros la misión de informar con precisión a la opinión pública sobre asuntos respecto de las cuales tantas veces se opone el silencio o la restricción de conocimientos que conciernen al interés social. Lo comprendí a edad temprana, cuando la invocación del nombre del diario para el que he trabajado toda una vida me abría, tanto en el país como en el exterior, puertas que se habrían abierto con más reticencia a otras apelaciones. Quiero decir: corría con las ventajas de correr por el andarivel de las tradiciones consagradas, que en general ayudan, y a veces no.

El oro se nos rinde después de haberlo sometido al fuego. Así también la búsqueda del oro de la excelencia en cualquier actividad se conquista después de un tesón perseverante y abrasivo. Esa búsqueda puede suscitar equívocos, como el de que hemos...

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