Perdón, Uruguay

 
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Por decisión de Cristina Kirchner, la Argentina será hoy representada en la asunción del presidente electo de Uruguay, Tabaré Vázquez, por un funcionario doblemente procesado y enviado a juicio oral en una de las numerosas causas que se le siguen: Amado Boudou.

Es un hecho lamentable y vergonzoso, una afrenta. En primer lugar, por la enorme gravedad institucional que significa que un vicepresidente de la Nación se encuentre en esa situación judicial. En segundo término, por el desprecio político al que se somete a nuestros entrañables vecinos enviándoles a un funcionario al que la Presidenta ni siquiera quiere hoy sentado a su lado en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional.

Es absolutamente comprensible el malestar que en los últimos días han expresado muchísimos uruguayos por semejante ofensa lanzada desde nuestro país.

El gobierno nacional ha justificado la ausencia de Cristina Kirchner por coincidir la asunción en Uruguay con la asamblea parlamentaria local. Sin embargo, tanto Néstor Kirchner como la actual mandataria acomodaron los horarios en 2010 para poder viajar a Uruguay cuando quien asumía era José Mujica, el presidente saliente, a quienes los Kirchner habitualmente dispensaron mejor trato que al actual líder del Frente Amplio.

Como si todo ello no fuera suficiente, la presencia de Boudou en Uruguay ha sido precedida por tres hechos judiciales que la agravan todavía más: el 19 del mes último, la Cámara Federal confirmó el procesamiento del vicepresidente en la causa Ciccone, dejándolo a un paso del juicio oral y público por la compra de esa imprenta, a través del fondo The Old Fund cuando era ministro de Economía, y, anteayer, el mismo tribunal le rechazó un recurso de queja en la causa en la que se lo investiga por falsificar papeles de un automóvil para evitar tener que pagar la mitad de su valor a su ex esposa, por lo que también irá a otro...

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