El peor momento para la revolución

 
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Hay una frase que, puertas adentro del Banco Central, funciona como admisión de culpa. Sea por graves deslealtades o pequeños descuidos administrativos, los empleados suelen usarla, en broma, cada vez que cometen un error y temen ser sancionados: "Uy, me van a mandar al depósito de Herrera", dicen. Herrera es la calle de Barracas donde, a la altura del 503, el organismo que conduce Alejandro Vanoli tiene un depósito de monedas y oficinas administrativas. Ese lugar pródigo en descargas de camiones de caudales no parece la sucursal soñada de ningún técnico. Pero es el destino que Jorge Rodríguez, el hombre que Vanoli ascendió a gerente general, acaba de firmar en una orden para Guillermo Zuccolo, subgerente general que lleva una carrera sinuosa en el Estado: fue subsecretario de Servicios Financieros de Roberto Lavagna en el Ministerio de Economía, entabló después una buena relación con Martín Redrado en el Banco Central, bajó el perfil con la llegada de Mercedes Marcó del Pont y volvió a cobrar vuelo en la gestión Juan Carlos Fábrega. Era alguien de inmejorable relación con los bancos y el mundo financiero.Hay que entender este desplazamiento a través del rumbo que Axel Kicillof pretende darle al Banco Central. Rodríguez, que hasta hace una semana era gerente principal de Exterior y Cambio, tiene ya la edad para jubilarse, poco que perder y fama de implacable con las normas. Es lo que Vanoli promete dentro del kirchnerismo para los bancos: inflexibilidad y vínculos nulos.No hay cruzada que encienda más a Kicillof que aquella que se libra frente a estas corporaciones a las que acusa de haber ganado sumas exorbitantes. Pero Kicillof es, además de un militante, el ministro de Economía de un país en default y con estanflación. Y su avance viene sufriendo imponderables no previstos en sus ensayos universitarios. Hay dogmas que tendrán que esperar. El martes, por ejemplo, en el encuentro que tuvo con Jorge Brito en una mesa que incluyó a varios miembros del Grupo de los Seis, no exhibió un solo reproche de los que la Presidenta suele ventilar en público sobre las supuestas maniobras especulativas del Macro y otros bancos. Más bien al revés: los empresarios se toparon con un funcionario preocupado que, además, les adelantó que la Argentina haría lo posible por negociar desde enero con los fondos buitre para salir de la cesación de pagos.Es la frágil línea que deberá transitar el catedrático de la UBA de ahora en más. Será una etapa en la que gestos y palabras...

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