La patada voladora perdió fuerza

Sergio Massa saliendo de Casa Rosada

En la tarde de su renuncia a la Cámara de Diputados, horas antes de asumir en el Palacio de Hacienda y presentar ahí sus primeras medidas, Massa se había despedido de sus pares legisladores con la energía propia de un debutante. "Mañana salgo con patada voladora", les anticipó. Diez días después, todavía con parte del programa sin anunciar y equipo incompleto, el establishment económico se siente tentado de modificar la figura retórica: lo que se anticipaba como implacable golpe de arte marcial se parece más a un arrebato de zancadillas inconexas. No hay plan.

Es cierto que el modo en que fue configurado el Frente de Todos tampoco ayuda a entender la metáfora. Lo más probable es que al momento de equiparar sus anuncios a movimientos de karate el ministro de Economía estuviera pensando más en adversarios de su propio espacio que en opositores. Porque la primera a la que está obligado a convencer con sus decisiones es a Cristina Kirchner. Ahí donde, con un plan menos audaz, fracasó Guzmán.

Lo que en su momento fue para el exalumno de Columbia el acuerdo con el Fondo representa ahora para Massa la política tarifaria, aspecto troncal de su ajuste. Tensión inevitable de la que por ahora no participa La Cámpora, pero que ya empezó a insinuarse esta semana en la paritaria de Aerolíneas Argentinas, que el equipo económico imagina por debajo de la inflación. Hasta ahora, el único que le contestó al ministro fue Pablo Biró, líder de los pilotos. "Que la ajusten a Moria", dijo.

La ventaja que Massa tiene sobre Guzmán para intentar estabilizar no es su propia ductilidad , sino el susto que parece haberse pegado la vicepresidenta con las últimas corridas. En esa debilidad cambiaria, que para Cristina Kirchner significa no llegar a 2023, está su única fortaleza. Ella solo le prometió silencio: le dijo que no lo respaldaría en público, pero que hiciera lo que creyera conveniente, menos devaluar.

La dificultad es que, dada la magnitud de los problemas, el silencio de la expresidenta resulta insuficiente. A Batakis no le alcanzó. Porque callar no equivale a apartarse de las decisiones. Y el liderazgo de Cristina Kirchner es tan fuerte que a veces ni siquiera necesita del veto explícito para obstaculizar: así como hay quienes la interpretan de manera equivocada, también están los que sobreactúan tratando de complacerla. Todavía no está claro si la demora en la designación de Rubinstein como secretario de Política...

Para continuar leyendo

Solicita tu prueba

VLEX utiliza cookies de inicio de sesión para aportarte una mejor experiencia de navegación. Si haces click en 'Aceptar' o continúas navegando por esta web consideramos que aceptas nuestra política de cookies. ACEPTAR