El paso del tiempo, esa gran obsesión de Rosa

 
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Rosa Montero lleva un collar de calaveras, como un rosario, colgado al cuello. "Lo compré porque me parece precioso e ilumina la cara, son como perlas modernas", dice mientras termina el té en uno de los salones del Alvear Palace Hotel. Se la ve elegante, aunque arrastra el cansancio de las horas de avión que separan Madrid de Buenos Aires. Cuando la escritora española viaja a la Argentina, cosa que ya ha hecho "unas 40 veces", el cambio horario le permite ganar algunas horas y desafiar, de alguna manera, al tiempo, una de sus grandes obsesiones. Ser tan consciente del paso de los días, característica que ella cree distintiva en muchos novelistas, la ha llevado a escribir incansablemente sobre este dilema.

Su nueva novela, La carne (Alfaguara), que presentará mañana, a las 19, en la librería Grand Splendid, es una intriga emocional que lleva al lector a reflexionar sobre ello: el paso del tiempo y el miedo a la muerte y al fracaso, aunque desde una mirada esperanzadora en la que el amor y el sexo recuerdan que, antes de morir, se vive. "Creo que ésta es mi novela más libre. Pienso que escribí mis últimos tres libros desde la madurez literaria, con esa fluidez y precisión", dice.

Montero (Madrid, 1951) ya pasó la barrera de los 60, pero asegura sentirse como una joven de 12; "quiero esforzarme y llegar a los 16", ironiza. Y cita a Oscar Wilde: "Él decía que lo malo no es envejecer, sino el no envejecer por dentro, porque entonces cada vez hay una diferencia mayor entre lo físico y lo real".

La protagonista de su libro, Soledad, también ha llegado al umbral de los 60 "y es arrastrada por la fuerza de la vida". Es una comisaria de exposiciones que prepara una muestra de "escritores malditos" para la Biblioteca Nacional. Tuvo muchos amantes, pero nunca pareja estable, "y luego se va sabiendo por qué". Soledad rompió con Mario, su amante, y él va a ir con su mujer a la representación de una ópera, "y ella monta en cólera como una niña, muere de rabia y despecho, y tiene la estúpida idea de contratar a un gigoló para darle celos. No quiere acostarse con él, aunque podría, porque es carísimo (600 euros por cinco horas, lo investigué) solo darle celos. Pero, como suele ocurrir, nos pasamos la vida haciendo planes minuciosos y luego viene la realidad y los pisotea", explica. A partir de ahí, el relato pega un vuelco e intriga hasta el final.

Tanto Soledad como los escritores malditos que elige para su muestra comparten sufrimientos. Son autores...

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