El país de los audios es cruel y despiadado

Está clarísimo: en este país no se puede hablar por teléfono. No se puede porque, o no andan bien -ni siquiera el 4G, el 17G o el 145G- o alguien te está grabando. Probablemente un servicio. O un juez. O un fiscal. O un juez y un fiscal que responden a los servicios. De un tiempo a esta parte, el mundo de los espías y el mundo judicial, especialmente el fuero federal, parecen la misma cosa. Muchas veces son la misma cosa. Durante el reinado de los Kirchner, en los pasillos de Tribunales circulaba la siguiente historia, que por supuesto era falsa. El ministro de Justicia encara a un señor que se postulaba para juez: "¡Usted está loco, ni siquiera es abogado!" Y el candidato contesta: "Más respeto que yo laburo para Stiuso".

El problema es que las grabaciones no van a parar a los expedientes, sino a los medios. Es un escándalo que afecta, en primer lugar, a la libertad de expresión. Cristina ya no puede decir tranquila qué piensa sobre el coeficiente intelectual de Parrilli. Ya no puede preguntar en qué andan las causas judiciales que inventaron. Tampoco puede dar instrucciones sobre el manejo de su plata en paraísos fiscales, o sobre cómo impulsar la caída del gobierno de Macri. Ni recriminarle a Máximo su poca contracción al trabajo. Ni llamarla a Florencia para darle la peor noticia: que no se van a Croacia de vacaciones. Justo Croacia, uno de los destinos que le faltaban a Florcita, que ama viajar por el mundo para conocer in situ el avance de las revoluciones nacionales y populares.

Por supuesto, otra víctima es Parrilli. No porque se haya conocido el afecto que le tiene Cristina. Su problema es que un día trasciendan las cosas que él ha dicho sobre ella. Ojo, la quiere, la quiere mucho. Sólo que a veces la paciencia le juega una mala pasada. Como que lo abandona. Y entonces se le escapan afirmaciones crudas, amargas, tipo "no hay guita que pague este maltrato", "no sé si algún día se le ordenarán todos los jugadores" o "ahora lo entiendo a Néstor".

También se ve afectado Ricardo Echegaray, el utilitario jefe de la AFIP en tiempos de los Kirchner. En un audio del año pasado que se conoció esta semana le pide ayuda a Parrilli para no quedar procesado por Casanello en la causa por "la ruta del dinero K". La conversación es deliciosamente explícita. A Parrilli se le dispara la térmica y primero dice que es un juez "presionable"; después lo califica de "flojito"; después, de "pelotudo" (apelativo que le resulta tan familiar), y, por último...

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