Osvaldo Peredo, un alumno eterno de Gardel

 
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"Puedo escuchar otra música pero al rato vuelvo al tango. A Gardel, que es el mejor profe. Y con tipos como Gardel uno quiere ser alumno toda la vida. ¿No? Porque a mí me dicen maestro, pero es porque me ven grande y pelado. Y porque tengo cara de maestro. Pero en esto uno nunca puede decir: llegué".

El que habla, pregunta y se contesta es Osvaldo Peredo, torcan de 86 pirulos y mil trasnoches; intérprete que puede "darse dique" de haber llevado el tango en su voz por países como Colombia y Venezuela y de ser un artista que, acá, por la década del noventa, ilusionó a una muy joven camada de tangueros veinteañeros que lo conocieron en tugurios como el bar de Roberto, en medio de ese clima finisecular que le dio una nueva oportunidad a la música de Buenos Aires.

Osvaldo no fue cantor de las grandes orquestas porteñas ni un artista de enormes cualidades canoras. Fue en sus años mozos y sigue siendo un tipo que interpreta, que cuenta historias. Tiene grabaciones de mediados de la década del cincuenta hechas en el exterior. Recién en 2007 grabó un disco en la Argentina. Luego publicó otro con la Orquesta Almagro y más recientemente en dúo con la cantante Gabriela Novaro. Su último álbum es uno que registró el año pasado en Uruguay, junto a la Orquesta Victoria. Con esta típica despedirá el año el lunes, en el escenario de Café Vinilo.

Osvaldo hace binomio con una orquesta de treintañeros. Y le gusta. "Nací en el 30. Pasé por el 40. ¿Quién se pudo salvar del tango si pasó por los años 40? Contra el tango no hay antibiótico. Si uno le presta atención a Gardel se da cuenta de que él te mete adentro de un disco, que te cuenta algo y que tiene un personaje para cada tango, según la historia que tenga que contar".

Osvaldo buscó su destino en el fútbol, ya de chiquito, en la tercera de San Lorenzo. A los 23 ya estaba jugando en el Sporting de Barranquilla, pero su destino era el tango y Medellín fue una especie de meca tanguera de ultramar, desde la muerte de Carlos Gardel, en el aeropuerto de esa ciudad, en 1935.

Seis o siete años duró el periplo por Colombia y Venezuela. Luego volvió al pago. Su resurgimiento fue en el under tanguero muchos años después. "Es la vida la que hace las cosas. Contra el destino nadie puede -dice-. Empecé en el boliche de Roberto, en los noventa...

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