Los Oscar celebraron sus noventa años de historia y pidieron un futuro más inclusivo

Todavía con el recuerdo fresco del desastre de 2017, cuando se mezclaron los sobres y por algo más de dos minutos La La Land: una historia de amor fue la mejor película -cuando la ganadora era en realidad Luz de luna-, sumado a las denuncias de acoso y abuso sexual que sacudieron Hollywood durante los últimos meses y los movimientos que surgieron allí, como #MeToo yTime's Up, la 90» ceremonia de entrega de los premios Oscar prometía ser una noche repleta de momentos inolvidables. Especialmente porque se sabía que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas tenía preparado un espectáculo que tendría muy presente su legendario pasado.

Así, desde el principio, con el monólogo del conductor Jimmy Kimmel quedó claro que, más allá de la lucha por la igualdad femenina y las referencias al infame productor Harvey Weinstein -expulsado de la Academia tras cientos de denuncias de acoso y abuso sexual en su contra-, el acento de la fiesta estaría puesto en la historia de los premios, su pasado glorioso, su presente turbulento y su futuro potencialmente más representativo. Y en los espectadores. Por eso cuando la ceremonia llevaba dos horas de marcha, Kimmel reclutó a Gal Gadot, Mark Hamill, Ansel Elgort, Emily Blunt y Guillermo del Toro para visitar una sala de cine en la vereda de enfrente y repartir golosinas entre el público. Hasta tuvo la ayuda de uno de los presentes para anunciar lo que vendría.

También pensando en el público frente al televisor, los productores se propusieron intentar acortar la extensa fiesta al ofrecer un jet ski exhibido sobre el escenario por Helen Mirren como ocasional modelo, al ganador que diera el discurso más corto de la noche. El primer aspirante a dueño de la moto acuática fue Sam Rockwell, que, para sorpresa de nadie, se llevó el premio al mejor actor de reparto por su trabajo en Tres anuncios para un crimen.

A continuación fue el turno del galardón para maquillaje y peinado, que se llevó el equipo que transformó a Gary Oldman en Winston Churchill en Las horas más oscuras. Y para honrar la venerable tradición de los premios de Hollywood apareció Eva Marie Saint, ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto en 1954 por Nido de ratas, leyenda que además de entregar el premio al mejor vestuario a Mark Bridges por su trabajo en El hilo fantasma aclaró que se sentía orgullosa de ser unos meses mayor que el mismísimo premio Oscar.

Para confirmar el carácter histórico y excepcional de la ceremonia en la categoría de...

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