Una opción es sublime; la otra es grotesca

La doctrina tradicional de Aristóteles según la cual la virtud consiste en hallar el justo medio entre dos extremos, uno de los cuales peca por exceso en tanto que el otro peca por defecto, ha servido durante milenios de criterio moral para evaluar nuestras conductas. ¿Cuándo diríamos, por ejemplo, que un hombre es "valiente"? Cuando esquiva al mismo tiempo el valor irreflexivo que lo convertiría en un temerario, casi en un suicida, y la falta de valor que lo convertiría en un cobarde, y también cuando posee el "coraje" que alabó Borges al decir que "siempre el coraje es mejor" y que exaltó el teólogo protestante Paul Tillich cuando tituló uno de sus libros The Courage to Be ( El coraje de ser ).Bastan las menciones de Borges y de Tillich para caer en la cuenta de que ese justo medio del que habla Aristóteles no responde al criterio meramente "geométrico" de dividir exactamente en dos la distancia que media entre dos puntos extremos, sino a un criterio más amplio, que podríamos llamar "prudencial" porque incorpora elementos más diversos de la realidad. Es que, así como el cauce de un río puede pasar más cerca de una orilla que de la otra, también la idea aristotélica del justo medio puede inclinarse en una dirección o en la dirección opuesta. Para volver a la idea del coraje, resulta evidente que tanto Borges como Tillich "corrieron" el justo medio entre la temeridad y la cobardía más cerca de aquélla y más lejos de ésta. Borges, que apreciaba sobremanera el linaje guerrero del cual él mismo provenía, llegó a escribir que su familia necesitó contar con un escritor no militar como él para que pudiera narrar las hazañas bélicas, las "muertes militares", de sus ancestros, aunque para cumplir acabadamente con esta función corriera el riesgo de ser tenido él mismo por cobarde ya que, en el fragor del combate, alguien tiene que abstenerse de combatir y admirar desde un lugar seguro a los que luchan y se juegan la vida. (Ver en este sentido el libro de Martín Hadis, Literatos y excéntricos. Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges , Editorial Sudamericana, 2006).Como se ve, quien se disponga a definir la virtud habrá de encontrarse a veces con arduas dificultades. Una de ellas la señaló Emanuel Kant al observar que ciertas conductas son tan malignas que no admiten ni siquiera la posibilidad de un justo medio. ¿Puede hablarse, por ejemplo, de un asesino tan "moderado" que, por serlo, se haga acreedor al elogio moral? Dos hechos recientes nos han...

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